EEUU: fondos de acciones recibieron u$s 27.000 millones de inversionistas en un mes
(Enmascarado bajo el personaje de Gordon Gekko, de la película «Wall Street», este analista de los mercados internacionales opina que todavía las acciones tienen más terreno por ganar a pesar de que sólo en noviembre entraron a los fondos de inversión de acciones u$s 27.000 millones -lo que ingresa en un trimestre-. Para Gekko, hay más apetito por invertir en los mercados emergentes asumiendo mayor riesgo y esperando así más rentabilidad. Este fue el diálogo que mantuvo con este diario.)
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Gordon Gekko: Desde que terminó el «rally» del petróleo en octubre, las acciones treparon 10% en los EE.UU. Pero no creo que el recorrido hubiera sido tan extenso ni la suba tan veloz si no fuera porque en paralelo se resolvió el enigma de las elecciones presidenciales.
P.: La victoria de Bush era el desenlace que ansiaban los mercados.
G.G.: Sí. Por aquello de mejor malo conocido que bueno por conocer. Y los inversores también deseaban un epílogo rápido. Se temía una agonía en el terreno de los tribunales. Cada partido, recuerde, había contratado su propio ejército de abogados. Por fortuna, el escrutinio, esta vez, no dejó sombra de duda.
P.: Uno mira la pujanza actual de las acciones y piensa que el temor a una recesión inminente -que fue muy fuerte a mediados de año- ha quedado atrás.
G.G.: La economía está funcionando en todos sus cilindros. La evidencia es contundente. Por su parte, el derrumbe del precio del petróleo contribuyó a despejar el horizonte mediato.
P.: Pese a ello, hay dos lecturas de la situación que están en obvio conflicto. Las acciones, por un lado, apuestan por una recuperación vigorosa; los bonos, por otro, parecen presagiar dificultades.
G.G.: Todo lo que ocurrió a lo largo de 2004 tiene una explicación. No muy difícil de entender salvo el comportamiento de los bonos. La tasa de 10 años, a mi juicio, se ubica un punto porcentual por debajo de lo que uno esperaría en una economía que crece 4%, en la que el petróleo ha trepado 30% en el año y cuando se vaticina que la Reserva Federal -de aquí a un año- llevará las tasas de corto plazo de 2,25% a 3,5%.
P.: Los bonos siguen apuntando a un futuro recesivo.
G.G.: O, alternativamente, a un crecimiento saludable pero acompañado por una muy baja inflación. Es curioso que las tasas largas no se hayan alterado mucho cuando la economía ensayó distintas velocidades de marcha a lo largo del año. Hubo un desborde en el precio de la energía y luego un derrumbe estrepitoso y tampoco los bonos participaron de tamaña volatilidad.
P.: ¿Cree que el rally de las acciones todavía guarda mucho hilo en el carretel?
G.G.: Eso pienso. Y eso piensa todo el mundo. Lo que, a decir verdad, constituye el único problema.
P.: Todo el mundo descuentaun rally de Navidad.
G.G.: El rally de Navidad ya se había producido para el Día de Acción de Gracias. Ahora estamos deglutiendo el llamado «efecto enero».
P.: Estamos pagando a cuenta. Vamos un mes adelantado.
G.G.: Si uno chequea los flujos de fondos que se vierten a los mercados, resulta muy claro. En noviembre, los fondos comunes de acciones -sólo en los EE.UU.- recibieron una inyección de recursos netos de más de 27 mil millones de dólares.
P.: Suena como una cifra importante...
G.G.: Lo es. En todo el tercer trimestre la entrada fue de sólo 21 mil millones.
P.: Hay una toma de posiciones agresiva...
G.G.: Es un patrón discernible con facilidad. Hasta para el menos avisado sobresale la disposición a tomar riesgos. Hay una búsqueda de rendimiento excedente a través de acciones o instrumentos de renta fija de dudosa calidad crediticia. Casi la mitad -45%- de los flujos netos que le comenté están rotulados para fondos que invierten fuera de los EE.UU. (con una incidencia significativa de los mercados emergentes).
P.: O sea que la bonanza de los emergentes -que tiene ya un par de años en sus alforjastodavía tiene margen para extenderse.
G.G.: Está montada sobre este fenómeno que le comento. Habrá observado, por ejemplo, que ya son varios los bancos brasileños que han salido a colocar emisiones denominadas en reales por primera vez en los mercados internacionales. Sería imposible -y de hecho lo fue en el pasado- si no mediara este apetito por mejorar los rendimientos de portafolio que lleva a una alta tolerancia de los riesgos.
P.: ¿Qué tan justificado es este fervor? Más allá de la profecía autocumplida.
G.G.: El elemento más sólido a favor es considerar que los mercados han atravesado la verdadera prueba de fuego que encerraba 2004. La misma efervescencia que existe hoy la vivíamos un año atrás, pero en aquel entonces la tasa estaba en 1% y contábamos con una póliza de seguro implícita -librada por la Fed- de que permanecería allí «por un tiempo considerable». El activo más preciado hoy es saber que se ha podido doblar el codo de las tasas de interés sin que el mundo cruja. No hubo crisis. No padecimos ni un Tequila ni un Long Term Capital.




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