19 de octubre 2005 - 00:00

El significado de la competencia

El título de este artículo es el mismo de una conferencia que dictó el economista austríaco Friedrich A. Von Hayek en la Universidad de Princeton, en 1946. Casi sesenta años han pasado desde entonces y hace falta reflotar los conceptos allí expresados para poner algo de luz en medio de acusaciones a los supermercados como «desestabilizadores», «culpables de la inflación» y otras.

Existe una primera explicación del porqué de estas acusaciones que es simple, pero no menos verdadera: es la típica respuesta de cualquier populista (no porque lo haya dicho el embajador francés), sobre todo en época de campaña electoral. Pero hay otra, subyacente, que es la que consideró Hayek en la conferencia mencionada, es una visión teórica de la competencia que lleva, a quienes la asumen, a conclusiones como ésas.

La teoría económica neoclásica del mercado evalúa el grado de competencia según la cantidad de oferentes: si es uno es un monopolio, si son pocos es un oligopolio, y todo esto contrasta muy mal en comparación con un mercado de «competencia perfecta», el cual se caracterizaría por la existencia de numerosos pequeños productores, ninguno de los cuales puede afectar el precio de mercado con sus decisiones. Todos éstos serían «tomadores de precios», a diferencia de los primeros, que serían «formadores de precios».

El número de competidores y su influencia en el mercado son medidos por el índice Herfindal-Hirschman, y si éste muestra un elevado grado de concentración se desprende que habría una reducida competencia, por lo cual el gobierno tendría que actuar en «defensa de la competencia», y de los consumidores. Existen varios problemas con este enfoque. El primero lo señaló Hayek y se refiere a que el modelo ideal de «competencia perfecta» demanda tales requisitos del mercado que de existir no habría competencia como tal y, por ende, todos los mercados son «imperfectos» comparados con esto.

• Propagandas

Estos requisitos son: la existencia de un bien homogéneo, la ausencia de restricciones y el conocimiento perfecto por parte de todos los participantes en el mercado. Sólo así se alcanzaría esta situación ideal. En el caso de los supermercados, se sostiene que unos pocos de ellos concentran un alto porcentaje de las ventas; esto sería un indicador de falta de competencia. Pero ésta no es una buena teoría para entender lo que está pasando. La realidad la desafía al menos en estos puntos: sólo hace falta comprar un diario del sábado para encontrar páginas y más páginas de propagandas de los supermercados, avisos que son muy caros.

Esto muestra una muy intensa competencia para atraer a los consumidores; una industria cartelizada no estaría gastando su dinero en propaganda. Por otro lado, ¿cómo definimos el mercado donde vamos a evaluar el grado de concentración? Si consideramos solamente «hipermercados» probablemente nos encontremos con algunos pocos, pero si ampliamos la definición para incluir «locales de venta de alimentos», por ejemplo, esa concentración se reduce notablemente. Es más, las ventas de estos hipermercados habrían caído desde un 47,6% en el año 2000 hasta el 40,1% actualmente. Y cualquiera habrá notado, al menos en la Ciudad de Buenos Aires, la notable proliferación de «supermercados chinos», donde los inmigrantes orientales se están desempeñando con notable éxito gracias a precios que son incluso inferiores a los de los grandes. ¿Es eso acaso algo que podría ser explicado por una teoría del oligopolio cartelizado? La competencia parece muy intensa.

Por otra parte, el análisis del grado de concentración basado en el número de participantes no permite considerar situaciones en las que esa concentración sea resultado de decisiones de los consumidores que eligen productores muy competitivos. Por ejemplo, se dio a conocer en estos días un informe aplicando el índice mencionado antes por sectores y dio como resultado que el mercado de la cerveza está muy concentrado, con una empresa que tiene más de 80%.

¿Es el resultado de alguna maniobra anticompetitiva o de una buena política de marketing? ¿Alguien nos obliga a tomar esa cerveza y no alguna de las otras disponibles? El «proceso competitivo» parece estar vivo aun en casos donde se encuentran altos índices de concentración. Porque, según Hayek, lo que importa no es el número de participantes, sino las barreras que existan para su ingreso al mercado, y éstas las pone el gobierno principalmente. Por lo que la «defensa de la competencia» debería mirar primero al Estado mismo y reclamar la derogación de todas las normas y regulaciones que impiden el ingreso de nuevos competidores. ¿Se acuerda el lector cuando se prohibía la instalación de nuevos supermercados en la provincia de Buenos Aires? Más que sufrir la «desestabilización» de los supermercados, lo que está desestabilizada es la teoría que alimenta los discursos de campaña y las políticas gubernamentales.

(*) Rector de ESEADE

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