18 de noviembre 2004 - 00:00

"Hay pesimismo sobre el dólar"

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York, quien no quiere ser identificado, y por eso se lo llama Gordon Gekko, en referencia al personaje que interpretó Michael Douglas en la película "Wall Street". El tema es la inflación en Estados Unidos, la depreciación del dólar frente al euro, y la prioridad que le da la comunidad internacional al crecimiento económico mundial por sobre el orden de las cuentas del país norteamericano.)

Hay pesimismo sobre el dólar
PERIODISTA: ¿La inflación está de regreso? Una suba de 1,7% en los precios mayoristas de octubre no constituye un buen augurio.

Gordon Gekko: No es un buen presagio. Aunque veo difícil que una cifra de esa magnitud se repita.


P.:
¿Es todo una secuela del petróleo?

G.G.: La energía subió 6,8%. Lejos, el componente más robusto. Pero no el único: los alimentos treparon 1,6% en el mes.


P.:
El petróleo hizo máximos en octubre y después cayó. ¿Veremos esa reversión reflejada en los precios mayoristas de noviembre?

G.G.: Seguro. El barril se desplomó desde un pico de más de 55 dólares a los actuales 47. No es allí dónde se avizoran problemas.


P.:
¿Es en los alimentos?

G.G.: Tampoco. Tome la versión de la canasta mayorista que excluye -por su gran volatilidad-tanto a los alimentos como a la energía y verá que se encareció 0,3% en octubre. Había sucedido otro tanto en setiembre. Los precios de los bienes de capital se elevaron 0,4% en setiembre y también el mes pasado. Se detecta una gama amplia de equipos -desde camiones livianos hasta maquinaria agrícola y aviones-que participa de los aumentos.


P.:
¿Es una luz amarilla?

G.G.: Es un aspecto que conviene observar. Recuerde que ya en la primera parte del año -hasta junio y julionos tocó enfrentar un rebrote alcista en los precios -muy ostensible y generalizadoque luego se fue apagando. La sensación que comienza a delinearse es de dèja-vu.

P.: Los tenedores de bonos largos no parecen muy asustados...

G.G.: No mucho. La tasa larga apenas parpadeó con la noticia.


P.:
Tampoco las vicisitudes del dólar los tienen preocupados. ¿No es extraño que cunda tanta zozobra por la suerte de la cuenta corriente de los EE.UU., por la dependencia del ahorro extranjero y, sin embargo, los bonos mantengan su compostura?

G.G.: Es muy llamativo. Prevalece hoy un pesimismo extendido sobre el dólar que, sin embargo, no salpica a los bonos. Ni a otros activos de los EE.UU.


P.:
¿Cómo se entiende?

G.G.: Es un escenario compatible con la idea de un ajuste ordenado. Una depreciación prolija del dólar que no produzca turbulencias mayores.


P.:
Suena demasiado bueno como para ser cierto.

G.G.: A decir verdad sería apenas una prolongación de lo que hemos experimentado hasta ahora. El dólar ha recorrido un largo camino --de 82 centavos a 1,30 frente al euro-y ello no ha provocado ningún cataclismo.


P.:
Tampoco el déficit de cuenta corriente se ha corregido; ni siquiera una décima.

G.G.: Sucede que el tipo de cambio es apenas el lubricante del ajuste. Pienso que el dólar deberá retroceder más para aceitar el proceso pero en última instancia lo que tiene que corregir es el gasto. EE.UU. deberá aumentar su ahorro para cerrar la brecha de sus cuentas externas.


P.:
Eso es lo que los ministros europeos de finanzas acaban de pedir públicamente: que EE.UU. se comporte en forma responsable. Que apoye una política de dólar fuerte en serio y que ponga el déficit fiscal bajo control.

G.G.: ¿Pero cuál es la prioridad? ¿Qué EE.UU.
ponga sus déficit en caja o que el mundo consolide una tasa decente de crecimiento? Hoy si EE.UU. pisara el freno, no pasarían tres meses antes de que todo el mundo estuviera hablando, otra vez, de una recesión global. Ya lo vimos a mediados de año cuando se produjo el famoso «soft patch».

P.: Cuando el consumidor norteamericano amagó moderar sus erogaciones...

G.G.: Tal cual. En verdad, el crecimiento sigue siendo la prioridad uno. Para todos, no sólo para los EE.UU. También para los que lo financian. ¿O usted qué piensa que prefiere Asia? ¿Vender un televisor más y sumar un pagaré norteamericano adicional a la pila o cancelar el negocio, dejar así de acumular promesas de pago pero teniendo que recortar la expansión de la producción local y el empleo?

P.: El mundo ha crecido como nunca en los últimos treinta años... Las prioridades deberían ir cambiando.

G.G.: Correcto. La política monetaria ya ha empezado a cambiar. El Banco de Inglaterra, tan temprano como en noviembre de 2003. La Fed, a partir de junio de este año. En forma gradual, con un ojo en la capacidad de la economía para seguir funcionando a medida que se retira el estímulo. La política fiscal, créase o no, también acompaña.

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