Influencia de Brasil es histórica
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Supone una gran ingenuidad afirmar como lo ha hecho la Cancillería argentina que «El Mercosur ha demostrado ser el principal instrumento de inserción internacional de nuestros países». En rigor de verdad, como lo sostengo desde el Tratado de Asunción, el Mercosur, y aclaro que no está mal como expresión de política nacional, ha sido una poderosa herramienta al servicio de la dinámica expansión internacional de Brasil. Tan es así, que sin la unión aduanera de marras, Brasil instaló, por no citar sino a insignias, a Petrobras en una treintena de países y supo consagrar su producción aeronáutica allí donde hubiera un aeropuerto. Ahora bien, la aspiración actual de convertirse en granero del mundo, sin abandonar un ambicioso enfoque desarrollista con objetivos científicostecnológicos de alta calificación, lo confirma. La actitud en la reciente Ronda Doha también lo ratifica.
Después de la malograda reunión celebrada en Mar del Plata en noviembre de 2005 para articular un sistema americano más ambicioso, entre los agravios al presidente Bush y los ejercicios retóricos paralelos del presidente Chávez, Brasil resultó ser el gran ganador. A partir de ese momento los cumplidos norteamericanos aceleraron la influencia de Lula en la región y mayor presencia en el mundo. En mayo de 2008 Brasil ganó una apelación ante la OMC contra los EE.UU. por subsidios a sus productores de algodón. Resultado: podría imponer sanciones por más de mil millones de dólares por año. Un reciente acuerdo de asistencia técnica agropecuaria a Cuba lo confirma, al igual que la pacífica asociación entre Petrobras y la rusa Gazpron.
El proyecto de corredor bioceánico que partiría desde Porto Alegre atravesando cuatro provincias argentinas hasta llegar a La Serena en Chile, muestra el formidable empuje estratégico que complementa otra iniciativa para salir también al Pacífico por Perú. Luego la pertenencia a los emergentes denominados Bric con Rusia, India y China, además del Grupo de los 20, con encuentros periódicos con Sudáfrica, amplía una esfera de influencia que parece pasar inadvertida a los aturdidos dirigentes que se entretienen en intrascendentes diferendos internos. Las serias advertencias susurradas en los oídos de Evo Morales en ocasión de amenazar con la privatización mal compensada de Petrobras en Bolivia, también impusieron una impronta que empieza a ser inconfundible. Brasil tiene prioridad y recibe el gas comprometido a un precio inferior al que factura a la Argentina. Evidentemente nuestra confusión es enorme.
Cuando se reprocha a Lula su alineamiento unilateral con los países desarrollados en la reciente Ronda Doha por fuera del Mercosur, respondió que «Brasil es un país soberano» y confirma el estilo secular aquí presentado.




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