La Argentina derrocha chances que aprovecha bien Brasil

Opiniones

En los últimos años, Brasil ha sabido conquistar una envidiable posición internacional. Si bien es cierto que durante toda su historia su expansión territorial y la búsqueda de hegemonías han sido una constante diplomática, no lo es menos que en un lustro el país vecino ha sabido instalarse en la arena internacional con peso específico propio, a pesar de las contradicciones y dificultades que luce en diferentes ámbitos. El ambicioso entendimiento con la otra potencia regional expansiva -Chile-lo confirma.

Resulta deprimente que ante la aceleración exitosa y ejemplar que muestra Brasil para compartir escenarios con las grandes potencias, en la Argentina electoral el tema no aparezca, al menos visiblemente, en las agendas de los candidatos que aspiran a conducir el país en el futuro. La terca vacuidad de los enfoques internacionales por parte de los políticos no es una cuestión nueva. Pero la indiferencia ya no parece un aspecto que deba pasarse por alto, habida cuenta que el país lleva décadas de extravíos tan peligrosos como cada vez más difíciles de remontar.

  • Temas menores

    Mientras nosotros nos concentramos en temas importantes pero menores en una escala de soluciones de largo plazo, los brasileños han confiado su futuro a llevar adelante otras categorías programáticas que en poco tiempo los habilitaron para ser considerados potencia en general y hegemónica en la región en particular. Ajustada la acción a un proyecto estratégico que parece haber sido compartido por Fernando Henrique Cardozo y Lula da Silva, los resultados, despejados de otros enfoques, son espectaculares. De aquí mi sorpresa ante la falta de consideración del tema por nuestra clase política presidenciable, sobre todo.

    Nuestras alianzas estratégicas, en la medida en que existen y sirven para jugar como operador global, realmente son inconducentes, pues no generan ni inercia ni sinergia suficiente para conseguir un posicionamiento internacional favorable, como el que ha logrado Brasil en los diferentes campos en los que opera. Por no citar sino algunas referencias. Desde la Cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005, el presidente Bush no disimuló sus preferencias por Lula como interlocutor en la región. A la rápida visita a Planalto le sucedió un eslabón de entendimientos ilustrativos. A mediados de 2006, acuerdos comerciales con el tema etanol en el centro. En diciembre se formalizó la Comisión Interamericana de Etanol con sede en Miami. En enero de 2007, Bush adoptó una estrategia para contrarrestar la vulnerabilidad petrolera de los EE.UU. privilegiado la relación energética con Brasil.

    Dado que Brasil y los EE.UU. producen en conjunto 70% del combustible derivado de la caña de azúcar y del maíz, respectivamente, acordaron constituir una suerte de OPEP para concentrar las políticas específicas en función de sus respectivos intereses. Desde el punto de vista multilateral, en la reciente reunión de ministros de finanzas del G-7 celebrada en Alemania, Brasil y México participaron activamente. Casi contemporáneamente, el presidente Lula unió su voz con Bush y Merkel exhortando a la OMC para que se reanude la Ronda Doha en camino de extinción. A pesar de haberse negado a interrumpir las inversiones de Petrobras en Irán, el mandatario brasileño participó de la íntima atmósfera de Camp David, donde son contadísimas las personalidades que asisten a la residencia campestre cercana a Washington DC. La incursión de Petrobras en Gazpron (Rusia) permite desmentir ninguna sujeción, lo mismo que el acuerdo con el ENI para encarar el tema biocombustibles en Italia. Más bien confirma el estilo que practican los operadores globales y nada más.

  • Ascenso

    La estelar presencia de Lula en Davos en enero de 2007 parece que ratifica el ascenso internacional de nuestro activo socio. Los éxitos ante la OMC contra las restricciones a las exportaciones de azúcar de remolacha en la UE y los subsidios al algodón en los EE.UU. no desmienten la consolidación de Brasil en la escena internacional, lo mismo que las enérgicas respuestas de Lula a Fidel Castro por el tema biocombustibles y a Chávez por otras expresiones inadecuadas. En la misma dirección se inscribe la defensa de las relaciones con Irán ante Bush.

    Las incursiones de Petrobras en la región suponen también una confirmación de la influencia regional brasileña a través de su nave insignia. Es envidiable que un país que hasta hace poco más de dos décadas carecía de petróleo, hoy desempeñe un papel tan significativo como el que les cupo a las multinacionales históricas del ramo. Veamos. En Perú explora unos 60.000 km² y extrae 15.000 barriles diarios. En Uruguay adquirió los activos de Shell y controla 89 estaciones de servicio. En Uruguay, Lula se comprometió a construir una usina térmica promoviendo una asociación entre ANCAP y Camargo-Correa. En Venezuela, la empresa petrolera extrae 28.000 barriles diarios y una firma de Brasil construye un moderno puente sobre el río Orinoco, además de estar programada la construcción de un astillero para buques petroleros y plataformas offshore. Es conocida la participación en Bolivia en el negocio extractivo. En Salta, finalmente, en dos áreas, una compartida, Petrobras consiguió unos 10.000 km² para operar en la región argentina, más allá de que también estableció en Santa Cruz un importante centro de abastecimiento.

    La designación de Murilo Portugal en la cúpula del FMI y de Pedro Malan a cargo de la presidencia del «External Review Committee On Bank-Fund Collaboration» en un contexto pleno de personalidades de trascendencia ecuménica no deja de agregar valor para el reconocimiento de Brasil como nuevo y ascendente miembro del poder mundial. Todos esos logros en poco más de un lustro parece que deberían inspirar reflexión y un saludable debate en torno de averiguar qué pasa entre nosotros. Si existiera confusión es una cosa, distracción no es lo mismo, pero si se tratara de ignorancia o de indiferencia, la cuestión es preocupante.

    Nuestros políticos, al parecer atrincherados detrás de borrosas nubes ideológicas que los confunden cuando deben responder sobre temas que exceden lo cotidiano, deberían preguntarse y responderse por qué no reaccionar frente al derroche de oportunidades que denuncia nuestra situación, cuando nuestros inigualables logros en materia atómica, misilística, satelital, de radarización, de medicina nuclear, de biotecnología, de enriquecimiento del uranio, por no abusar de categorías que se inscriben en la sociedad del conocimiento, ameritan el esfuerzo para lanzarnos a la misma aventura que emprendió Brasil.
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