8 de septiembre 2008 - 00:00

La crisis sacó el pasaporte mundial

Setiembre comenzó pleno de revulsivos. En el espectro de fuegos de artificio, un conato de corrida en Corea del Sur y otro en Rusia trazaron arabescos difíciles de ignorar. Y dejaron al descubierto una estela de preocupaciones profunda. La intervención de Seúl consiguió rescatar al won de su valor mínimo de cuatro años (frente al dólar) pero aun así el aire se corta con cuchillo. Un vencimiento de bonos soberanos, esta semana, provoca inocultable escozor. Se teme, en concreto, el impacto de la repatriación de los 6.700 millones de dólares que les toca cobrar a los inversores extranjeros. Casi en las antípodas, las autoridades de Moscú vendieron 4.500 millones de dólares, sólo el jueves, para defender el rublo. Se estima que la huida de capitales -desde que estalló el conflicto en el Cáucaso-devoró 20 mil millones de las aún rebosantes arcas oficiales (que acumulaban 581 mil millones al 1 de setiembre). Sin embargo, los verdaderos motivos calan más hondo. La India no enfrenta ninguna amenaza de conflicto armado y sus reservas internacionales cayeron, en los últimos tres meses, 20 mil millones de dólares. La mitad, en agosto. En Indonesia, Tailandia y Filipinas, sus bancos centrales, esta semana, debieron intervenir en los mercados de divisas con firmeza para apuntalar sus monedas. Quien extienda la recorrida geográfica, cambiará de teatro de operaciones y de historias específicas pero repetirá una misma trama. Sucede que la crisis financiera, ahora sí, revalidó su pasaporte internacional. El virus se propagó. Todo el mundo, haya recibido o no la factura, debiera quedar notificado.

El explosivo aumento de la acumulación de reservas internacionales pisó el freno en el tercer trimestre, sin preaviso y de forma abrupta. Si la creación de liquidez mundial era la contrapartida obligada del repliegue del dólar y de la fortaleza de las materias primas, su certificado de defunción se firmó en junio cuando los bancos centrales prometieron enfrentar de lleno la amenaza de un desborde de la inflación. Desde mediados de julio - cuando el dólar resurgióde sus cenizas y el crudo- comenzó su caída vertical los vientos soplan con fuerza en una nueva dirección. Este viraje complica porque obliga a un cambio agresivo de
portafolios. Y ello supone desmontar de prisa los arbitrajes que, durante la fase inicial de la crisis, se habían probado exitosos.
Es menester arriar la exposición en monedas, commodities (no importa que sea energía, metales o alimentos como no importó mucho cuando subían) y mercados emergentes. Hay que izar la participación del dólar (y otras divisas de financiación como el yen o el franco suizo) o recalar en activos de renta fija sin riesgo de crédito como son las notas y bonos del Tesoro. La Bolsa de EE.UU. también podría servir de refugio -su desempeño reciente le sacó un tranco de distancia a todas sus pares- si no fuese porque la espada de Damocles de una recesión pende también sobre su cabeza. Está claro que la inflación ya no es lo que asusta a los inversores -aunque todavía sí a los banqueros centrales- sino el destino de colisión de la economía real.

  • Primera víctima

  • Basta revisar el comportamiento de los mercados para corroborar los efectos de esta súbita migración de los flujos de capitales. La fe en los commodities no garantiza la salvación y se cobró, en cambio, una primera víctima de envergadura, el Ospraie Fund. Los chinos continúan siendo muchos y no perdieron su apetito, pero las cotizaciones de las materias primas parecen sostener lo contrario. Es más, en China, que no sólo ganó con soltura los Juegos Olímpicos, sino que se preserva como la nave insignia del alto crecimiento (10,1% en el segundo trimestre), la Bolsa de Shanghai se encogió a la mitad a lo largo de 2008.

    Sobre llovido, mojado: la semana pasada, por si fuera poco, anotó una retracción adicional de 7%. De esta manera, las cotizaciones actuales se ubican 61% por debajo de los máximos de octubre último (uno imagina que con una vela encendida a la memoria de Fibonacci).

    Setiembre es, en los hechos, una tromba para todas las Bolsas de Asia Pacífico. Los inversores extranjeros en retirada, las monedas nacionales bajo presión y una estampida que podó 7% las cotizaciones, según el índice MSCI, en las primeras cinco ruedas del mes. Considerando las diez principales plazas de la región -la de mayor crecimiento, hoy por hoy, en el mundo- ninguna cayó menos de 20% y varias superan 30% en lo que va de 2008. En comparación, vale añadir, América latina sacó, en este tramo del viaje, una tarifa sorprendentemente acomodada.

    ¿Cuán profundo será el ajuste pendiente de carteras? ¿Hasta dónde la crisis financiera apretará el cinto? ¿ Habrá un «setiembre negro» para Corea del Sur como afirmó, el último lunes, un titular del «Times» de Londres parafraseando la catástrofe de 1997? ¿Se podrá absorber la doble coincidencia de un masivo vencimiento de bonos este miércoles y, un día después, el «cuádruple vencimiento» de los contratos de opciones y futuros de acciones en la Bolsa? ¿O será, quizás, el turno de otra debacle en Moscú como en 1998? Se dice que el miedo no es zonzo pero el pánico -que eso fue lo que afloró este jueves- es pésimo consejero.

    Quien perdió el convoy, no debería arriesgarse caminando sobre las vías. Será mejor que espere en la estación. Toda comparación viable con la crisis de los emergentes de 1997/ 1998 requiere que primero la crisis degluta las toneladas de reservas internacionales que se acumularon en los últimos años. Esto es 581 mil millones de dólares en Rusia o 247 mil millones en Corea del Sur. Está claro que no lo conseguirá en un sprint a lo Usain Bolt. Y también que el Tesoro de los EE.UU. fletó ayer un tren expreso para encarrilar la situación de Fannie Mae y Freddie Mac que en cuanto emisores de obligaciones utilizadas como activos de reserva internacional, en una magnitud cercana al billón de dólares, rasgaron una cuerda ultrasensible. Se calcula, por ejemplo, que hasta un quinto de las reservas coreanas podría estar invertida en títulos de ambas agencias. Es verdad que la crisis se disemina y avanza y que, la última semana, el reacomodamiento de portafolios dio un zarpazo de alcance cabalmente global. Pero no está dicha, ni mucho menos, la última palabra.

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