28 de octubre 2008 - 00:00

Las claves para la vuelta de capitales

Ahora que no cabe duda de que la crisis internacional se profundiza y sin desacoples, parece más necesario que nunca buscar caminos, seguramente no convencionales, para hacer frente al temporal sin los desgarradores efectos que él conlleva. Antes de que se admitiera que el fenómeno podría globalizarse, el ex presidente Néstor Kirchner había sugerido la conveniencia de implantar un blanqueo de capitales. Las respuestas fueron ligeramente favorables, aunque no en la comunidad profesional por atendibles razones.

Dada la necesidad de encarar un proceso de desarrollo que reforzara la solvencia externa siempre amenazada, sin adherir el régimen propiciado, me pronuncié por la conveniencia de repatriar capitales apelando a otros mecanismos menos irritantes. Los fuertes vencimientos de obligaciones en divisas y la desaceleración de la tasa de crecimiento en un contexto local de reducción de rindes agropecuarios y de precios en la arena internacional constituyeron los motivos inspiradores de esta posición, al margen de considerar las irrefutables consecuencias en las áreas fiscal, cambiaria, laboral y macroeconómicas en general.

En la edición del lunes 27, Ámbito Financiero volvió sobre el tema, razón por la cual me permito insistir en alguna iniciativa no convencional, precisamente para evitar con prontitud la amenaza de recesión, desempleo y, sobre todo, la eventual estrategia de buscar financiamiento externo escaso, condicionante y oneroso, sin agotar primero la posibilidad de recuperar parte de la inmensa fortuna expatriada y expuesta a los rigores y la incertidumbre que siguen merodeando en todo el mundo.

El reciente aumento que registró la importación de dólares-billete demuestra que el temor puede ser un inesperado socio. Ahora parece que no es una ingenuidad traer ahorros que podrían servir para detener las sombrías predicciones de crecimiento y de empleo. Por supuesto, ello demandaría muchas condiciones jurídicas y técnicas que sirvan para abonar la confianza en las autoridades y en la solvencia del enfoque escogido.

La elección del sector externo y fundamentalmente del financiamiento de exportaciones para dinamizar la economía, el empleo y la solvencia externa supone disponer de un circuito en divisas que no sólo garantice la intangibilidad de los ingresos, sino también movilizar sectores de alta calidad como son los vinculados al área atómica y actividades espaciales, y los espacios productivos vinculados, entre otros, cuyos efectos multiplicadores son altamente expansivos y redituables en los campos más sensibles del quehacer científico y tecnológico. La Argentina, en la actualidad y con prescindencia de la crisis mundial, está en condiciones de producir y exportar reactores atómicos, radares, satélites, uranio enriquecido, cohetes y lanzaderas, además de servicios tecnológicos vinculados y asesoramiento en ingeniería y disciplinas afines. La medicina nuclear y los productos farmacéuticos, al igual que de biotecnología, ofrecen interesantes perspectivas para potenciar, al menos inicialmente, una recuperación que salga o refuerce iniciativas keynesianas que bien concebidas no se limitan a imprimir billetes y gastarlos de cualquier manera.

Ahora bien, todo ello requiere financiamiento, sea al cliente extranjero, sea al productor nacional, al menos respecto de los insumos importados para incorporar a bienes exportables en firme. En ningún caso habría efecto «crowding out» porque los fondos asignados no competirían con la oferta y demanda interna de crédito y de divisas. Resulta inquietante disponer de fuertes sumas de divisas en el exterior y no intentar rescatar parte de ellas y ponerlas a disposición de la producción y del empleo nacional.

Parece improbable que país alguno no lo intente y por inoperancia o prejuicios se rinda tan mansamente ante la adversidad.

Para atraer los fondos se sugieren un par de alternativas no excluyentes de otras mejores. De un lado ingresarlos por la banca oficial con cargo a una cuenta especial cuya finalidad sea financiar exportaciones, según se expresó. Durante el tiempo mínimo de inmovilización estimado en unos tres años, el titular recibiría una retribución similar a la que devengan los bonos de Tesoro de los EE.UU. El certificado respectivo deberá estar garantizado por el Tesoro Argentino (Secretaría de Hacienda y Banco Central). Los fondos recaudados se aplicarán sólo para el propósito indicado, según las prioridades que establezca el gobierno y las garantías y seguros que convenga. La tasa de interés activa dependerá de las circunstancias internas y externas dominantes.

  • Atracción

    La emisión de títulos podría acompañar la iniciativa, aunque parece más conveniente la alternativa puntualizada. El banco local y otra parte financiera en el exterior parecen instituciones más adecuadas para instrumentar la operatoria comercial de que se trata. La gratuidad del sistema frente al magro ingreso que supondría un gravamen o costo puede decidir a los interesados en favor de la iniciativa, sobre todo si se asegurara, por cierto con limitaciones, el uso de la opción y se preservara el secreto de ésta a pedido de los adherentes. La exención del rendimiento y de la tenencia de los fondos repatriados aumentaría la atracción del eventual instituto.

    Huelga agregar que así concebidas las cosas no se vislumbran amenazas desestabilizantes ni inflacionarias derivadas del ingreso de las divisas. En caso contrario quedaría la posibilidad de instalar una suerte de banca offshore, que por definición garantizaría la estabilidad del sistema siempre que se respeten sus prescripciones, a saber, recibir ingresos y canalizarlos hacia compras de bienes desde el exterior que de otra manera no se verificarían. Implicaría un desperdicio histórico no intentar algo distinto.
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