"Se abre una fase más constructiva para los mercados"
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York, quien no quiere ser identificado, y por eso se lo denomina Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es la recuperación de la economía de los Estados Unidos, a partir de los últimos datos que son muy favorables en lo que hace a consumo y empleo.)
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Gordon Gekko: Eran las tres piezas faltantes para completar el rompecabezas. En su versión optimista.Y, a juzgar por la reacción de las bolsas, las tres fichas resultan muy oportunas...
P.: ¿Cree que se abre una nueva etapa?
G.G.: Una fase más constructiva para los mercados, sí.
P.: No tanto para los bonos...
G.G.: La idea de una economía débil era la que impulsaba a los bonos y frenaba a las acciones. Esa es la página que estamos dando vuelta...
P.: ¿Qué tan convincente es esta resurrección de la economía?
G.G.: Choca contra todo lo que se ha venido repitiendo hasta el cansancio en los últimos meses. Pero la evidencia a favor es abrumadora: la economía creció 3,7% en el tercer trimestre del año. La demanda final fue más robusta: avanzó 4,2%. El consumo aumentó 4,6% y, en particular, el gasto en bienes durables -impulsado por la compra de automóviles- trepó 16,8%...
P.: No es el mismo consumidor que se declara atribulado cuando llena los formularios de la encuesta de confianza...
G.G.: Es una vieja costumbre. Se queja pero, mientras tanto, no deja de gastar... Cambia el auto, pero protesta por la suba de la gasolina.
P.: ¿Es un patrón sostenible?
G.G.: Hay límites, pero se pueden franquear; no son rígidos en el corto plazo. El ingreso personal disponible creció sólo 1,4%...
P.: O sea que el ahorro se resiente...
G.G.: La tasa de ahorro se redujo a 0,4%. Es su registro histórico más bajo. Contrario sensu, qué mejor termómetro de la verdadera confianza del consumidor...
P.: No se puede gastar más de lo que se gana. No por mucho tiempo...
G.G.: No lo discuto. Eso es lo atractivo del informe de empleo. No sólo por el salto en la creación de nuevos puestos de trabajo; sino porque también repuntan las remuneraciones. Es una combinación que arroja un fuerte aumento en el ingreso personal de octubre. Esa es la senda que uno avizora como necesaria para que se sostenga el consumo en el tiempo...
P.: Una golondrina no hace el verano. ¿Cree que la mejora que muestran las condiciones del mercado de trabajo en octubre podrán proyectarse hacia el futuro?
G.G.: No veo impedimento. Entiendo sí que los huracanes han contaminado las cifras. Hay, por ejemplo, 71 mil nuevos empleos en el sector de la construcción; 70% de éstos están vinculados a las tareas de reconstrucción en las zonas afectadas por la catástrofe. No es que esos trabajos no vayan a hacerse -todo lo contrario y van a tomar varios meses-, pero si uno quisiera sustraerlos para detectar una tendencia de fondo, lo que se observa es, en principio, bastante alentador. La contrapartida del mayor empleo, sin embargo, encubre una notoria desaceleración en el avance de la productividad. No se traduce íntegramente en un aumento de la producción.
P.: ¿Piensa que habrá restoen lo que queda del año como para que las bolsas intenten escalar nuevos máximos?
G.G.: De hecho, es lo que está ocurriendo. El Footsie en Londres ha sido el adelantado. Pero la semana pasada encontró varios seguidores; entre ellos, el SP 500 y bolsas de Asia, como la de Singapur o Indonesia.
P.: Ayer la Fed subió la tasa a 2%. ¿Y en diciembre? ¿Conserva adeptos la tesitura de que la Fed se tomará un recreo?
G.G.: Si el mercado de trabajo repite en noviembre algo parecido a lo que hizo en octubre, la idea de una pausa se tornará difícil de vender. Si la economía se expande, se multiplican los puestos de trabajo, ¿por qué no seguir recogiendo -sin prisa pero sin pausa-el barrilete del estímulo monetario?
P.: ¿Cómo juega el dólar? ¿No debería operar en alza ahora que se confirma la buena salud de la economía de los EE.UU.?
G.G.: De buenas a primeras, nadie da un centavo por el dólar. Es curioso, unos meses atrás todo el mundo (o casi) sostenía que la suba de tasas por parte de la Fed implicaba un dólar apreciándose. Ya nadie lo recuerda: el mantra hoy, único y absorbente, es el déficit en cuenta corriente. Como si resultara una completa novedad. En fin: un dólar así, en marcado retroceso, tampoco alienta la idea de que la Fed se tome un descanso en diciembre.




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