11 de junio 2004 - 00:00

Buscan hoy acuerdo Kirchner y Solá por la ley de reparto fiscal

Los delegados de Néstor Kirchner y Felipe Solá intentaban anoche alguna fórmula de pacificación entre Nación y Buenos Aires en una pelea que no tiene solución como está planteada. El Presidente y el gobernador se cruzaron mensajes amistosos desde sus respectivas tribunas en actos en Florencio Varela y Mercedes, luego de los agrios reproches que intercambiaron por TV en la noche del miércoles. El Presidente terminará de recoger apoyos de gobernadores -todos, menos Solá y el neuquino Jorge Sobisch- para enfrentar el reclamo de Buenos Aires de que en el nuevo régimen que debe votarse se le reconozcan más fondos coparticipables a costa del porcentaje que le corresponde a la Nación. Eduardo Duhalde, por su lado, llamó a su gente a no discutir más con el Presidente. El mismo anunció que está también dispuesto a reunirse con Kirchner con quien dijo no estar peleado, pese a que éste dijera por TV que no debe su silla al ex presidente. En una segunda línea más discreta las conversaciones siguen: se sabe de contactos de la gente de Roberto Lavagna con legisladores y ministros bonaerenses de donde surge que tan difícil es que se apruebe la ley de copartipación, como la llamada norma de « responsabilidad fiscal» que establece límites al gasto e impone sanciones a los funcionarios que se excedan en la administración, de fondos públicos. Esperable que cuando más agria parece una pelea, ese tono sea la antesala de algún acuerdo.

Néstor Kirchner saluda a la gente durante el acto donde encabezó la inauguración de un complejo habitacional en la localidad bonaerense de Florencio Varela. El Presidente le bajó el tono a la pelea con Eduardo Duhalde y el gobernador Felipe Solá.
Néstor Kirchner saluda a la gente durante el acto donde encabezó la inauguración de un complejo habitacional en la localidad bonaerense de Florencio Varela. El Presidente le bajó el tono a la pelea con Eduardo Duhalde y el gobernador Felipe Solá.
A horas de descargar, mordaz, sus metrallas sobre Eduardo Duhalde y Felipe Solá, inició ayer Néstor Kirchner una maniobra de apaciguamiento. Negó que se haya roto su vínculo con el ex presidente y prometió que recibirá al gobernador, cita que podría producirse hoy mismo.

Lo hizo ayer al mediodía en Florencio Varela, rodeado de peronistas y bonaerenses, con una escolta preferencial: la vice Graciela Giannettasio, duhaldista que tiene su origen en ese distrito del conurbano, el primer dominio PJ que Kirchner visita en los últimos dos meses.

A esa hora, desde Mercedes, Solá -que no fue invitado por Presidencia al acto en el conurbano sur-respondía con un mensaje de conciliación (ver nota aparte).

No era un auditorio fértil para castigar al dúo bonaerense. En definitiva, las 6 mil personas que se arrimaron al Club Nahuel para vitorear a Kirchner las aportó el peronismo bonaerense que en Florencio Varela comanda Julio Varela y que todavía remite sin escalas a Lomas de Zamora.

Sobre su tironeo con el gobernador, el Presidente dijo: «Con Solá ya nos veremos y conversaremos sobre las cosas en las que estamos de acuerdo y sobre las que tenemos diferencias». Anoche se hablaba de un encuentro inminente.

• Conciliador

Para Duhalde, a quien horas antes le reprochó por TV pretender ser el dueño de la verdad, tuvo una referencia conciliatoria pero más tibia: «No hay ruptura», aseguró consultado por la prensa pero, advirtió, «en lo que estemos de acuerdo estaremos de acuerdo, en lo que no, no».

Un detalle: ninguna de las citas el Presidente las pronunció sobre el escenario sino cuando, luego de bajar del helicóptero presidencial, fue rodeado por los periodistas y consultado sobre la crisis Nación-Buenos Aires.

Incluso, en su discurso, luego de recorrer las obras de un complejo de 200 viviendas que financió Nación, Kirchner deslizó una crítica con La Plata como destino.
«Yo lo único que pretendo es que la plata llegue a la gente, que no se quede en el camino».

• Nexos

Giannettasio pasó por alto la frase. Luego de reunirse el miércoles con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, pedido que Duhalde hizo por teléfono desde Canadá, la vice puede convertirse en una vía de negociación. Prefirió, entonces, ignorar la cita.

De todos modos, la vice repiquetea con una referencia.
«Reclamar lo que consideramos justo no implica que no apoyemos el proyecto del Presidente.»

Además de Giannettasio, hubo otros delegados de Duhalde: Hugo Curto y Alberto Descalzo, caciques de Tres de Febrero e Ituzaingó que junto, con Pereyra, son los intendentes preferido de Olivos; una especie de «neomosqueteros» como los que en 2000 armaron Julio Alak, Alberto Balestrini y Juan José Alvarez.

Pero Curto y Descalzo, invitados por Presidencia, llegaron tarde y no estuvieron sobre las tablas junto a
Aníbal Fernández y Julio De Vido -Alicia Kirchner enfiló con otro destino-, que marcharon como edecanes del Presidente, además de Carlos Kunkel.

Más allá de lo formal, Fernández y De Vido son jugadores clave en el ajedrez de Kirchner: se trata de los ministros con vía libre para distribuir fondos ATN y obras públicas, respectivamente, y repartir esos «bonus» entre los dirigentes bonaerenses que juran lealtad a Olivos.

Hasta ahora, De Vido repartió
certificados de obra por $ 1.900 millones sólo en los distritos del conurbano. El ministro del Interior tiene, en tanto, una chequera de $ 80 millones para ATN.

Por ese mecanismo, y agotadas sesiones telefónicas, Fernández -con el auxilio de Curto, Descalzo y Pereyra- logró abortar una solicitada de los jefes comunales para respaldar el planteo de Solá. Nunca salió y jamás, según confían en los distritos, llegará a los diarios.

Ayer, como si estuviese ajeno a esas maniobras, Kirchner volvió a repetir el rito de navegar entre la multitud y luego, desde el escenario, insistió en pedir
«ayuda en esta dura lucha por reconstruir la Argentina».

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