22 de diciembre 2000 - 00:00

Como Menem, De la Rúa también tiene "viudas"

Uno de los argentinos más saludados el miércoles en San Pedro de Atacama (Chile), adonde concurrió Fernando de la Rúa para la inauguración del pavimento en el paso de Jama, fue Nicolás Gallo. No tiene cargo público ya pero fue quien cerró el acuerdo para que la Argentina tenga pavimentado en julio del 2002 el tramo argentino de la ruta que conduce al paso de Jama. Eso justificó que formase parte de la comitiva que acompañó al Presidente que además lo reconoció en público, ante el chileno Ricardo Lagos, como el autor del plan de infraestructura que, de última, terminó con su presencia en el gabinete. «Es el plan Gallo», brindó el Presidente.

El ex ministro que ahora acompaña vio sin embargo los actos desde un rincón ya que no tiene rango protocolar y casi entre bambalinas fue saludado por legisladores argentinos y chilenos, gobernadores e intendentes. Este ex ministro que fue despedido por keynesiano del gabinete por su amigo más estrecho, se ha reencontrado con el Presidente que le pidió la renuncia quebrando una relación de décadas.

Sí pareció comprensible en octubre pasado que De la Rúa aboliese el Ministerio de Infraestructura, observado como una cartera para gastar en un gobierno que debe reducir el déficit, nadie entendió que el Presidente desairase a su mejor amigo adentro del gabinete. Ni el propio Gallo, quien reclamó airado en esa oportunidad ver al Presidente con ánimo tan exaltado que los acompañantes temieron que terminase en una riña en el propio despacho presidencial. Los separó otro amigo del alma, el «negro» Gregorio Carreras.

En el último mes el Presidente inició un acercamiento hacia Gallo, a quien sabía herido por ese despido. El ex ministro se resistió a los primeros contactos pero pronto accedió al reencuentro. En pocos días volvió a ser consultado por el Presidente en algunas materias que omiten, claro, la marcha de las oficinas que antes dominaba Gallo y que hoy responden a quien lo reemplazó, José Luis Machinea.

Después el Presidente le ofreció varias funciones en el gobierno. No cree que sea su hora de funcionario; entiende, sin embargo, que el área de Obras Públicas que él dejó está desatendida dentro del gabinete y que debería volver a ser una cartera con autonomía. El no podría resistir, sin embargo, un regreso a esa silla. Cree que antes de julio próximo De la Rúa recreará al área de Obras Públicas porque la actual estructura expone al gobierno a algunos desaires. En mesas del Mercosur, como ocurrió en Montevideo y Florianópolis, hay presencia de ministros de Obras Públicas y la Argentina, se lamenta Gallo, no está representaba adecuadamente.

Gallo
también ha recibido ofertas de Aníbal Ibarra para sumarse al gobierno aliancista de la Capital. «Me ofrecieron de todo», admite, pero tampoco quiere saber nada. Está dedicado a desarrollos empresarios de consultoría e inmobiliarios que, cree, van a crecer en el futuro inmediato y eso lo va a distanciar más de la administración. De la política por ahora pasa, sea en el partido o en la fundación desde donde trabajó en todas las campañas electorales de De la Rúa.

Después de una reconciliación con De la Rúa, Gallo es infaltable en cualquier acto notable que quiera hacer el gobierno,
como si quisiera mostrarlo como representante de un sector del gobierno que está en las sombras. Porque el mismo rol le ha dado al ex SIDE Fernando de Santibañes.

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