26 de diciembre 2000 - 00:00

De la Rúa inquietó a los suyos hablando de cambios

Dicen quienes lo conocen que uno de los placeres secretos de Fernando de la Rúa es contemplar, impávido, las peleas que él mismo provoca entre sus subordinados. Tal vez ayer quiso desatar una con sus declaraciones matinales, cuando anunció que habrá una reestructuración en distintas áreas del gobierno. Ya desde temprano comenzó la inquietud en el gabinete y, lo que es peor, más de un ministro se demoró en descalificaciones a algún colega para justificar que la guadaña pasará sin tocarlo.

En rigor, la declaración del Presidente se estaba refiriendo a la situación de Jorge Kogan, el secretario de Transportes que tanto lo irritó -como a casi todo el mundo-con su reflexión acerca de que los pobres se mueven a pie y, por lo tanto, son inmunes a los aumentos tarifarios. Cuando se le preguntó a De la Rúa si ese funcionario sería despedido, en vez de afirmarlo o negarlo prefirió hablar de que «las áreas van a ser reorganizadas». En el gabinete fue un toque de alarma que reanimó las versiones sobre un organigrama modificado que se expresaría en una nueva ley de ministerios. Quienes conocen de cerca a De la Rúa saben que cada vez que se le ocurre prescindir de un colaborador se inclina por eliminar su oficina. Es como querer cortar una cabeza y evitar, al mismo tiempo, el derramamiento de sangre. El megaejemplo de esta costumbre es Nicolás Gallo, por cuya exoneración se disolvió el Ministerio de Infraestructura; disolución apócrifa porque esa cartera sigue existiendo, sólo que como apéndice de Economía.

Reflexión

«Al final, todo era para que yo me fuera», suele reflexionar Gallo ahora, cuando De la Rúa pretende reparar la decisión dándole su nombre al plan de Infraestructura, como hizo ayer por la mañana: «Lo llamo así, el plan Gallo, trabajó mucho y lo hizo viajando por todas las provincias para decidir con cada gobernador cuál era la obra prioritaria». Después, el Presidente se perdió en un laberinto de justificaciones acerca de por qué disolvió el Ministerio, como si le explicara a su amigo por radio lo que todavía no le explicó personalmente a pesar de los diversos encuentros.

Lo cierto es que ayer, cuando se enteraron de que habría reformas en el mapa de la administración, todos se sintieron Gallo. Y no se equivocaron porque, como adelantó este diario, existen varias carpetas en el gobierno con nuevos diseños para el gabinete.

La más conocida y tal vez la menos decisiva es la de Carlos Chacho Alvarez, quien promueve la creación de un Ministerio de la Producción que quitaría importantes atribuciones a Economía. Para que no se crea que lo suyo está pensado sólo para agredir a José Luis Machinea, Alvarez también tiene un plan para abolir el área de Graciela Fernández Meijide: se trata de una agencia de la promoción social que manejaría todos los recursos de que dispone el Estado para esa materia.

Otro proyecto expresa el cruce de iniciativas de Chrystian Colombo y Jorge de la Rúa, quien hizo uno de sus mejores aportes al gobierno de su hermano (acaso el único) elaborando otra «carpetita» durante la campaña electoral, que nunca fue tomada en cuenta. Entre las ideas que reflejan esos papeles figura la recreación del Ministerio de Infraestructura, ahora como una especie de oficina planificadora, y la fusión entre Acción Social y Salud. Aunque la máxima aspiración del hermano del Presidente es la eliminación de Trabajo, que pasaría a formar parte de Economía (un presente retórico para el PJ, que podrá denunciar que se retrocede 70 años, a los tiempos en que ésa era la disposición de esa oficina). Acaso Jorge de la Rúa no sepa que también existen iniciativas para disolver su ministerio, que se mutaría en secretaría de nivel presidencial.

Corte

En realidad, todos éstos no son hoy, en la boca del Presidente, más que ensayos teóricos. Si se prevén cambios inmediatos tienen que ver, más probablemente, con comisiones a crearse para reformas sectoriales, como la que tiene que ver con la reforma impositiva.

Pero a los eventuales afectados de una cirugía mayor esta circunstancia no les atenuaba el drama, anoche, de un De la Rúa hablando de que
despedirá el año cortando cabezas, eso sí, sin sangre.

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