Destapa hoy vice R. Saá; De la Sota seduce a Gracielas
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Como R. Saá, De la Sota piensa en un segundo de la provincia de Buenos Aires. En confianza, el gobernador licenciado de Córdoba piensa que esta pelea por la candidatura es ya casi una inversión a futuro más que una chance de ser presidente. «Una inversioncita», les suele decir a los amigos. Igual especula con correr, hasta donde lo dejen, en serio por la postulación y para eso le parece imprescindible un vice bonaerense. No le conforma mucho la oferta de Eduardo Duhalde de que se haga acompañar por el diputado Jorge Villaverde, hoy encargado de reunir firmas para que sesione un Congreso del PJ nacional para interceptar la candidatura de Menem.
De la Sota piensa en algo más eficaz, una mujer de ese distrito y tiene previsto conversar hoy con las dos Gracielas del gabinete.
Graciela Camaño, a cargo de Trabajo, le parece ideal por su incardinación en el sindicalismo, además de sus condiciones personales para la gestión política en un tema complicadísimo. Le ofreció ya antes el cargo y Camaño le dijo que no, pero hoy espera torcer esa negativa.
Con Graciela Giannettasio, una duhaldista de paladar negro, De la Sota en realidad no se ha vuelto a ver desde el acto que la ministra de Educación le organizó hace dos meses en Florencio Varela. Anoche, Giannettasio negó conocer las intenciones del cordobés de ofrecerle participar de la fórmula, pero dejó abierta la posibilidad de discutirlo.
Un tercer candidato que asegura se anotará «por adentro» el jueves es Néstor Kirchner, un postulante virtual que resulta de la fusión de una sobreexposición televisiva con el deseo de que nunca nadie le cuente las costillas, o los votos reales que puede tener. Por eso aceleró en las últimas horas las charlas con el gobierno para desplazarlo a De la Sota del proyecto presidencial y ser él el competidor «natural» de Olivos.
Blanqueó sus relaciones con Duhalde, con quien nunca dejó de tener reuniones secretas en lugares francos. Pidió pruebas de amor, por caso que Duhalde le ponga un vice como sería Felipe Solá o Juan José Alvarez, pero ninguno de estos dos dirigentes ha pensado en dejar sus actuales cargos para correr esa aventura.




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