2 de agosto 2002 - 00:00

Duhaldista a Seguridad

El abogado Alberto Iribarne asumirá en las próximas horas como nuevo responsable de la seguridad interior de la Argentina en una decisión de Eduardo Duhalde que refleja su intención de «pisar» esa área tan delicada con una persona de su estrecha confianza.

Claro que Iribarne no es un experto en temas de seguridad, algo que en poco tiempo ha intentado lograr quién será el superior del secretario, el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humano, Juan José Alvarez. Por lo menos alcanzó a pacificar la relación conflictiva entre las fuerzas de seguridad a las que seguirá comandando desde el nivel ministerial.

Iribarne será nombrado como secretario de Estado mientras que el abogado Carlos Vila seguirá como subsecretario del área.

El nuevo funcionario es una figura que está en el inventario, pese a su juventud, del peronismo porteño. En los años '70 fue uno de los activistas más recordados de la Juventud Peronista y fue compañero de luchas de hombres como Carlos Chacho Alvarez, de quien siempre se dijo jefe político.

Antes la historia peronista lo registra con una de las grandes faenas de la militancia: operó la conversión del frondicismo al peronismo de Carlos Corach, a quien había tratado en la cátedra de Derecho Político de la UBA que conducían los radicales Alberto Spota y Jorge Reinaldo Vanossi. Fue cuando estos catedráticos mortificaban el antirradicalismo de Corach con diversos desaires.

Lo recordó siempre el actor Gerardo Romano como un activo conductor de las autodenominadas Fuerzas Organizadas para la Revolución Peronista. «Yo lo vi corriendo por la calle tirando bombas, al lado mío», dijo hace algún tiempo el actor a una radio uruguaya. «Además es un chico que tiene una dificultad en una pierna, así que era asombroso verlo correr», se conmovió Romano en esa evocación de la juvenilia peronista.

Durante la veda política del último turno militar Iribarne llegó a esconder al joven Chacho junto a su entonces esposa, la periodista Gloria López Lecube, en su domicilio particular. En ese tiempo junto a Alvarez animaron una de las peñas más afamadas, la que funcionaba en el quiosco de Coronel Díaz casi esquina Cerviño, en el corazón de Palermo. Allí se complotaban para el retorno de la democracia mientras imaginaban proyectos igualmente progresistas, como incorporar a la venta de golosinas y cigarrillos un avance histórico: la diligente incipiente fotocopiadora. «A ese quiosco lo fundieron mis chicos, que se llevaban los chicles sin pagar», ha recordado Corach en su retiro oxoniano. No había tronado aún la hora de los helados.

•Padrinazgo

La vuelta de la democracia los encuentra unidos en la revista «Vísperas» y apadrinados por Deolindo Bittel, quien prebendó a todos con cargos de asesores en el Senado de la Nación que Alvarez e Iribarne conservaron durante la década de los '80. En 1989 estaban subidos al carro triunfal del peronismo, pese a que estos cafieristas habían perdido la interna contra Carlos Menem.

Alvarez fue diputado nacional y de a poco empezó la migración hacia el Grupo de los 8. Iribarne fue el secretario de Gobierno de Carlos Grosso hasta que en 1991 ganó una banca en la Cámara de Diputados, donde presidió la pingüe Comisión de Industria. Le duró poco, ya que lo convocó Carlos Menem para ocupar el cargo de viceministro de Interior. Primero con Carlos Ruckauf, más tarde con Corach, para quien gerenció el GAP (Grupo de Acción Política pero mejor conocido como Grupo de Amigos del Petiso).

Acompañó a Menem-Corach hasta el final, pese a que durante todo el año 1999 se había sumado a los cuarteles de Eduardo Duhalde. Resistió en los equipos de campaña del bonaerense pese a seguir con un cargo menemista. Estuvo en importantes decisiones proselitistas junto a Julio César Aráoz, Eduardo Duda Mendonça, como el primer apoyo fuerte que logró Duhalde en el peronismo de la Capital Federal.

Con la derrota ante Fernando de la Rúa encontró cobijo en el grupo Bapro, desde cuyo directorio alentó en 2000 la quimera de
Cavallo-Béliz contra Aníbal Ibarra. Duhalde lo convocó en enero pasado al cargo de extrema confianza de los presidentes, titular de la Casa de Moneda, donde Iribarne ganó experiencia como impresor de cuasimonedas como el LECOP, patacones, quebrachos, pesos no convertibles y las otras nominaciones étnicas en que es tan pródiga la Argentina.

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