(Especial de esta redacción) - «Yo tenía un compañero de estudios, en la secundaria, que cuando tenía que dar examen estudiaba sólo una bolilla. En zoología, preparó el ciempiés. Le preguntaron por el conejo y, como era audaz, comenzó a hablar de que tenía la piel blanca, que era domesticable, comía zanahorias, pero tenía un problema: se le subían los ciempiés, que son unos bichos... Y ahí encontraba su oportunidad de hablar sobre lo que él quería. Pues bien, desde ahora hasta las elecciones del año que viene, mi leitmotiv será dónde están, cuántos son y por qué no vuelven los fondos de Santa Cruz que Néstor Kirchner llevó fuera del país.»
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Ricardo López Murphy regresa siempre a las aulas en sus parábolas políticas. Y ésta de ese brumoso compañero de estudios hizo reír a los empresarios, en su mayoría ingleses, que lo escucharon en el hotel Hilton, durante el almuerzo habitual de la Cámara de Comercio Argentino-Británica, al que él asistió como invitado especial. El líder de Recrear estuvo divertido y también terminante para caracterizar, en sus distintas dimensiones, al gobierno Kirchner.
Como los titulares de la cámara le sugirieron que hablara de la seguridad, López Murphy -de nuevo la estrategia del ciempiés-interpretó el tema en sus distintas modulaciones. Internacional, urbana, jurídica, la seguridad se dice de distintas maneras, diría Aristóteles.
Agradeció que lo hicieran hablar después de comer: «La ingesta es un tema principal para la oposición, que está cuidando la forma», dijo, pensando en Elisa Carrió, quien como él lucha contra la balanza en estos días. Después, se entusiasmó hablando de las inconsecuencias del gobierno en materia de seguridad pública. Reconoció que «el plan que presentó el ministro de Justicia fue el único programa estratégico, orgánico, que hasta ahora exhibió el gobierno nacional, aunque uno no coincida con su forma de encarar el problema». Hasta allí llegó su amor. Después, el ex candidato a presidente ironizó sobre la demagogia con que Gustavo Béliz había anunciado su propósito de preguntarle a cada una de las cuatro fuerzas federales que comanda qué tareas pretendía cubrir. López Murphy se refirió también a los mensajes inquietantes que se emiten desde el gobierno y que alientan el desorden. Por ejemplo, el clima que llevó a un grupo de piqueteros a incendiar la sede central de YPF y a explicar, ante la TV: «Lo hicimos porque estaban extorsionando al Presidente y hubo que ponerlos en vereda». Finalmente, levantó un reproche más concreto: «Pasaron a retiro ignominiosamente a uno de los mejores oficiales con que contaba la Policía Federal, el comisario Jorge Palacios».
De esta seguridad, ligada al control de la calle, López Murphy pasó a otra, la jurídica. Y puso el foco sobre la renegociación de la deuda. Después, con las preguntas del público, sería más contemplativo con la propuesta de Roberto Lavagna, «que va en camino de la sensatez». Pero la primera vez que sobrevoló el tema fue mordaz: «¿Se acuerdan de la retórica posterior a Dubai? 'Un centavo más es el hambre de los argentinos'. Pues bien, han triplicado la oferta. Ya cedieron una vez, ¿por qué no van a ceder de nuevo? La estrategia negociadora está quebrada porque en el fondo de esa estrategia está la violación de los derechos de propiedad. La quita, que debería ser un puente entre la voluntad de pago y la capacidad de pago de aquellos que quieren pagar, se ha convertido en una burla a los que depositaron su confianza en nosotros prestándonos sus ahorros». Finalmente, pegó sobre una contradicción: «Lo curioso de quienes no quieren pagar la deuda es que, a la vez, son estatistas. No se puede no pagar y tener empresas del Estado porque es una invitación a la expropiación».
Confesó López Murphy que un amigo suyo lo apestilló: «Vos me enseñaste siempre que, al fin y al cabo, en una empresa lo que cuenta es el resultado. ¿Hiciste tanto esfuerzo para conseguir sólo dos diputaciones?». «Mi amigo tiene razón, y el año que viene será decisivo para que tome una determinación respecto del grado de adhesión que tenga nuestra propuesta.» Sin embargo, no dio una sensación de desaliento: «El año que viene nuestro partido formará parte de una gran coalición en la que debemos estar todos, absolutamente todos los que nos oponemos al bloque duhaldista-kirchnerista». Esa coalición, definió, deberá tener «un criterio básico, que es respetar las reglas básicas de la Constitución y de las naciones exitosas. Será crucial porque, sin 2005, no habrá 2007».
Confirmó así las tratativas, avanzadas, de una alianza con Mauricio Macri, en la que debe haber también componentes peronistas y radicales -es decir, no sólo una alianza de corte liberal-, como pretende el líder de Compromiso para el Cambio.
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