El primer año de Kirchner con festejos y críticas de la Iglesia
A pesar de que hubo una negociación previa con Jorge Bergoglio, el texto de la homilía que pronunció ayer durante el tedéum en la Catedral criticó con dureza buena parte de las prácticas políticas argentinas, sin excluir al oficialismo. El cardenal cargó contra algunos hábitos del gobierno, como la promesa de soluciones mágicas o atarse a «nostalgias formales». Con poca inspiración, algunos funcionarios quisieron interpretar ese reto -algo elíptico, es cierto, como suelen ser estos sermones católicos- como una crítica a la oposición. Poco después, Néstor Kirchner debió contemplar cómo Charly García rompía ante la Casa de Gobierno -en gesto bizarro-su guitarra, después de entonar su versión del Himno Nacional. Fue el cierre a una pacífica manifestación que incluyó multitudes que quisieron visitar el Cabildo, algunas barras sesgadas en lo ideológico y muchas familias que, por escuchar a los cantantes, desafiaron la lluvia. La jornada fue exitosa, pero pudo evitarse el tono que se le quiso dar al recital, que se concentró en unos pocos artistas. No hubo música folclórica en el país de Soledad y Los Nocheros; no hubo música de bailanta ni cuartetos. Quizás obedeció a una manía que suele ganar a algunos gobernantes de darse los gustos que se negaron -o se les negó- cuando estaban en el llano; algo así como que al entrar en la Casa de Gobierno no quisieron dejar afuera ni las convicciones ni la discoteca.
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Hubo más de 100.000 personas ayer en el acto por los festejos del 25 de Mayo.
En un mar de 120 mil personas -según el cómputo de la Policía Federal, aunque el secretario de Medios Enrique Albistur estimó, a ojo, 200 mil-, algunos manchones abanderados y teñidosde consignas partidarias pasaron casi inadvertidos.
Más llamativa fue, en cambio, la aparición de otros colores: un grupo de uruguayos, militantes del Frente Amplio, llegaron a la plaza como retribución al respaldo que Kirchner le da a su candidato: Tabaré Vázquez. No fueron las únicas presencias de invocación foránea: otra columna, reducida, de la Casa de Solidaridad con Cuba, llegó con banderas cubanas; y una escisión casi espectral del Partido Comunista -rama Congreso Extraordinario- levantó estandartes venezolanos.
«Ni bien ni mal. Va un año, veamos», gambeteó un militante pro cubano que festejó a los gritos a Silvio Rodríguez. «Apoyamos a Kirchner», le retrucó un PC no oficial, defensor de Hugo Chávez.
El acto le dejó a Kirchner de planteos sectoriales: los ex combatientes de Malvinas, que hace dos semanas acampan en la plaza; y el de inundados de Santa Fe que mudaron desde su provincia la Carpa Negra a la espera de una audiencia con el Presidente.
• Apoyo crítico
Los primeros reclaman cobertura social y de salud que, dicen, no tienen. Los segundos tienen una nota de Eduardo Luis Duhalde prometiendo un « pasaporte» al despacho presidencial.
En el tumulto, cuando la lluvia expulsó a los temerosos de una gripe, se distinguieron las tres tribus con mayor presencia logística en la Plaza: los piqueteros Barrios de Pie, el MP20 -con nexos con Oscar Parrilli y Julio De Vido-y Venceremos, liga que mixtura peronismo con socialismo.
Piqueteros de Barrios de Pie, clan que comanda Jorge Ceballos, suelen actuar como guardia pretoriana de Kirchner. Por ejemplo, lo hicieron, junto con militantes de la FTV de Luis D'Elía, en el acto del 24 de marzo en la ESMA. Ayer se apropiaron del espacio más cercano al escenario.
Venceremos y MP20, que confiesan un apoyo crítico -los primeros más duros-, se limitaron a desplegar su « merchandising» militante. Una agenda con la imagen del Che Guevara por apenas «un peso». «Un accesible -bromeaba Marcelo-aporte a la revolución.»
Otros grupos se repartían por los laterales. El Movimiento 26 de Julio -declarados kirchneristas- montaba un picnic, con Julia Zenko como música funcional.
Una militante de la JP de Avellaneda (portaron las únicas banderas del PJ oficial en la ancha plaza), leal a Baldomero « Cacho» Alvarez, discutía con otro peronista, disidente éste, de La Matanza, de la agrupación León Santillán, un bandido ficticio del rock.
Sobre el final, ya no hubo motivos de discordia: con el pogo que desató el Himno Nacional versionado Charly García, que en el tramo final incorporó velocidad de «trash», se olvidaron por 5 minutos todas las diferencias.




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