El sindicalismo alemán del que estamos muy lejos
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Todos estos interesantes datos nos los brindó Bernd Osterloh, que representa a 350.000 trabajadores de la empresa y sus sedes mundiales, incluidas las plantas de Pacheco y Córdoba en la Argentina. Lo acompañaba Frank Patta, de origen italiano. Por eso algunas de sus opiniones son por momentos duras con respecto a la conducción del empresariado, o sea del capital. Ambos están admirados, por ejemplo, del dólar alto en la Argentina porque favorece las exportaciones y da buena ganancia a esta empresa alemana, pero ellos no tienen la contrapartida de que un tipo de cambio alto reduce el salario real del trabajador argentino y además encarece nuestras importaciones. Además es lógico que se sientan reconfortados con la Argentina -Osterloh nos visita frecuentemente- porque en Estados Unidos con el dólar tan caído VW perdió el año pasado mil millones de dólares y ahora tiene la rentabilidad complicada en Brasil porque está muy revaluado el real, aunque últimamente cambió un poco la situación. Les preocupa China, donde se instalaron hace 25 años y llegaron a tener 50% del mercado cuando hoy sólo poseen 15%. Tuvieron sus motivos, haber sido casi precursores en el mercado chino cuando Xiao Ping lanzaba la apertura de ese país asiático, y eso los obligó a tener una participación en la Volkswagen china inferior a la mayoría que era del Estado, algo que las automotrices que llegaron después ya no aceptaron. Por eso estiman perder 500 millones de euros en China, y piensan recuperar el mercado con nuevos modelos.
Es permanente en VW el lanzamiento de nuevos autos. Por ejemplo mostraron al periodista y a toda la comitiva de Volkswagen un convertible de alta gama que por ahora no llegará a la Argentina.
Los representantes sindicales, que gentilmentela conducción de VW facilitó entrevistar a este periodista, se muestran entusiasmados con otros éxitos que compensan esas pérdidas. Por ejemplo, venden un millón del auto Audi, diez mil del auto Bentley que vale 200.000 euros cada unidad y venden 500.000 Skoda que producen en República Checa, a sólo 400 km de la planta aquí en Wolfsburg, con casi 80% de costo de producción más barato en ese país. No los deja de satisfacer menos que venden 1.700 Lamborghini a un precio aun más caro, 220 mil euros cada unidad. Finalmente admiran de la conducción de la empresa el buen manejo financiero que les permite compensar algunas pérdidas, pero no respondieron si invertían en Discount argentinos.
Pero volvamos a este modelo laboral alemán -que además no tiene una justicia que permanentemente atente contra empresas- y tengamos en cuenta que piensan implantar en su casa central de Europa el mismo régimen que aprobaron en Brasil. Elevar de 28,8 horas de trabajo en cinco días a 35 horas de trabajo en 4 días. Lo hacen porque saben que son en Europa líderes en venta y en marca, pero conocen que viene una fuerte competencia de Japón, sobre todo de Toyota que piensa producir en diez plantas 2 millones de autos. O sea, a mismo salario, el trabajador acepta trabajar más horas para asegurar su ingreso. ¿Está madura la Argentina para pensar así?
Finalmente hablaron de la parte política de los sindicatos. Admiten que deberían ser independientes, pero señalan que en la realidad no lo son. Son socialdemócratas y dicen que el gobierno de Schröder, aunque era de esa línea, no representó lo social, por tanto menos quieren a la actual canciller Angela Merkel. Por supuesto el ítalo-germano Patta se horroriza cuando le hablan de Silvio Berlusconi en Italia. Pero creen necesaria la alternancia entre derecha e izquierda en los gobiernos, algo que en la Argentina todavía no terminamos de identificar por esa confusión donde populistas como Alfonsín y Duhalde apoyan a Roberto Lavagna cuando ya la izquierda similar la tiene el propio gobierno Kirchner más los socialistas que encabezan Binner, de Santa Fe y hasta un poco Elisa Carrió. Al mismo tiempo otros creen que ella y Roberto Lavagna pueden representar también al centroderecha.
El resumen final es sentirse agradable de dialogar con sindicalistas de este nivel, inexistente en la Argentina, y escuchar ideas de producción y trabajo en beneficio de empresas algo que tampoco reina entre nuestros «gordos» sindicales.




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