6 de marzo 2006 - 00:00

Entrerrianos ratificaron ayer cortes de ruta por papeleras

Jorge Busti
Jorge Busti
Gualeguaychú - Las asambleas de vecinos y ambientalistasde Gualeguaychú y de Colón volvieron a resolver ayer por unanimidad mantener los cortes por tiempo indeterminado sobre las rutas que conectan con las localidades uruguayas de Fray Bentos y Paysandú, dándole la espalda por segunda vez al pedido formal del gobernador Jorge Busti y del gobierno nacional para que se levantara la medida.

«Queremos un solo gesto de Uruguay, porque hasta ahora lo único que ha hecho es violar los convenios bilaterales sobre el río Uruguay»,
dijo en diálogo con este diario el ambientalista Edgardo Moreira.

Anoche, las dos agrupaciones formalizaron, por medio de un documento, la negativa al pedido que Busti y su vice, Pedro Guastavino, realizaron el viernes en Gualeguaychú a través de los medios en una conferencia de prensa en el hotel Emperador. Antes, el mandatario se había comunicado directamente con los teléfonos móviles de los ambientalistas en un intento por evitar tener que confrontarlos cara a cara.

• A la Justicia

«Si las cosas siguen como están, no va a haber ninguna solución» porque «no existe posibilidad de diálogo con una medida tomada», fue uno de los argumentos esgrimidos por el gobernador, quien recurrirá hoy a la Justicia de Concepción del Uruguay para apurar una resolución contra la transitabilidad de camiones con insumos para la construcción de las plantas de celulosa.

Con todo, ayer se realizó la quinta Marcha de la Resistencia, que movilizó a más de 10.000 vecinos hacia la zona del corte sobre la Ruta 136, a metros del Puente Internacional General San Martín, que une Gualeguaychú con Fray Bentos.

Con la caída del sol, el núcleo estable de manifestantes volvió al campamento localizado junto al Arroyo Verde. Hasta allí, desde hace casi un mes, hombres, mujeres, niños y ancianos trasladaron su vida cotidiana.

La zona tiene identidad propia. El núcleo del campamento está representado por una gran carpa blanca montada sobre el asfalto y, como satélites, 4 o 5 pequeñas tiendas permiten pasar la noche.

Para llegar hay que atravesar la ciudad de Gualeguaychú. Atrás van quedando las luces y la oscuridad comienza a ganar el camino. Son 20 kilómetros que se hacen eternos. Veinte kilómetros que a diario los habitantes recorren para intercambiar las guardias y sumarse a las asambleas.

Adelante comienzan a verse rastros de viejas fogatas encendidas oportunamente para enfrentar la humedad de la noche, que cala los huesos. Sin esfuerzo, el murmullo del Arroyo Verde se cuela en el camino, el mismo que a pocos metros antes de llegar a la carpa central exhibe con orgullo la mano alzada de pintadas alegóricas.

La vida en la ruta tiene lo suyo, pero a pesar de todo los manifestantes están bien provistos: un televisor con una antena improvisada permite seguir la realidad, y un grupo electrógeno combate la penumbra.

Hay algunas postales que impactan, como la imagen de una nena de no más de cinco años que se pasea orgullosa con vestido blanco con la leyenda «No a las papeleras, sí a la vida». El atuendo en los adultos se repite en remeras con la misma inscripción.

Tampoco falta el mate a toda hora, que a veces se matiza con delicias caseras que acercan los gauchos de la zona, que llegan a caballo ataviados con pilchería típica.

Aquí, en definitiva, el tiempo parece haberse detenido. Nadie privilegia la actividad personal sobre el compromiso de defender a cualquier precio «el derecho a la vida».

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