18 de noviembre 2003 - 00:00

Insólito: carta de Duhalde en apoyo a Kirchner y a Solá

Eduardo Duhalde hace recordar cada día más a Raúl Alfonsín en los primeros tiempos del gobierno de la Alianza: se ha transformado en un estoico líder político, capaz de absorber cualquier humillación, con tal de que no se dañe la relación con un experimento del que todos lo consideran principal responsable. En el caso de Afonsín, el fruto a custodiar era la Alianza. En el de Duhalde, el gobierno de Néstor Kirchner, criatura de la que se siente padre desde que forzó la vida interna de su partido para transformar una derrota en victoria.

Por eso, como Alfonsín, llama a silencio a sus seguidores, cada vez que le piden una reacción frente a los desaires que recibe desde lo alto. Sin ir más lejos, Gustavo Béliz acusó a los dirigentes del PJ bonaerense de financiarse con la corrupción policial, y Manuel Quindimil (por orden de Duhalde) pidió su renuncia. Pero ahora, el que está por ser defenestrado de su cargo de presidente del PJ bonaerense es Quindimil y no Béliz.

•Similitudes

Las similitudes entre estos dos hombres se agotan en la prudencia. Alfonsín está sospechado de haber volteado al gobierno de su ahijado (él también impidió la interna radical para convertir en candidato a De la Rúa), pero Duhalde se ha propuesto evitar ese destino, por ahora. Otra diferencia es que, contrariando la propensión bonaerense a la misoginia, el peronista incorporó a su esposa a la conducción de la política. «Calavera no chilla», dice Felipe Solá, quien, como suele fulminar Alberto Fernández, va a morir por las bromas.

En efecto, desde hace una semana, Duhalde no sabe cómo evitar las consecuencias de una decisión de su esposa, Chiche. La diputada resolvió reunir en su fundación a los integrantes del bloque bonaerense de diputados peronistas. Los que llegan y los que se van. El encuentro será hoy, y Duhalde tiembla. No es para menos. Desde la Casa Rosada, se emiten señales desdorosas para todo lo que él representa. Sólo consiguió, por obra y gracia de su fiel José Pampuro, que no le designen a Marcelo Saín para manejar las cuestiones militares (Saín, ex segundo de Juan Pablo Cafiero, fue el precursor de Béliz en la tesis de que hay duhaldistas que viven de la caja policial).

Si se atiende a La Plata, también Felipe Solá se refiere con desdén a sus antiguos padrinos. Ante los empresarios de IDEA, habló de «políticos profesionales que de a ratos se dedican al gobierno de manera amateur», aludiendo a Duhalde. En público, además, pidió la cabeza de Quindimil al frente del partido y reclamó que Antonio Arcuri y Osvaldo Mércuri no se conviertan en presidentes de las cámaras de la Legislatura. Fracasó.

Chiche Duhalde también tiene sentido del humor, como diría el jefe de Gabinete. Tres intendentes del conurbano le escucharon decir: «¿Por qué no le dan a Felipe la dirección de algún almacén donde vendan poder, entonces se deja de sufrir?». Simultáneamente, organizó la reunión de hoy con los diputados.

•Temor

A Duhalde no le gustan esos chistes. Y teme por el cónclave de hoy, propicio para que algún lengua larga se lance a contestar los dardos que provienen desde la Casa Rosada y desde el gobierno provincial. Por eso, anoche instruyó a su hombre en el Congreso, Eduardo Camaño, para que reduzca la reunión de su esposa al mínimo indispensable. «Sería mejor no hacerla», le dijo.

Primera determinación en ese sentido, Duhalde estará ausente del encuentro. La excusa ideal, que encontrará en adelante tantas veces, es un viaje a Brasilia para entrevistar a Lula Da Silva en calidad de secretario general del Mercosur. Antes de marcharse, dejará una carta escrita -como los suicidas-, con un legado provisorio. Es la segunda condición de la asamblea.

En esa misiva, Duhalde agradecerá a los diputados que lo ayudaron a «evitar la guerra civil», como le gusta decir, y a los que lo acompañaron como ministros en su gabinete. Allí estarán, atendiendo a esa voz «en off», Alfredo Atanasof, Carlos «Rucucu» Ruckauf y Graciela Camaño. ¿Estará también Juan José Álvarez? Imposible, ya que es el ministro de Seguridad de la provincia y en el duhaldismo no está permitida la doble función. A todos los que integraron el gabinete nacional se les exigió, en su momento, renunciar a las bancas. Ayer, Alvarez meditaba sobre su destino y dejaba trascender que «no puedo traicionar el mandato popular», como si quisiera refugiarse en Diputados y no ser víctima del fuego cruzado entre Kirchner y Duhalde.

Sin embargo, José María Díaz Bancalari y Camaño, que presidirán hoy el encuentro, dejaron escapar anoche que tal vez Duhalde revise esa política de personal en su empresa. Alvarez podría convertirse en el primer diputado al que se le concede licencia por un tiempo para que pueda «seguir dándole una mano a Felipe». Es lógico: Saín quedó en el banco y, en cualquier momento, Kirchner se lo impone a Duhalde en Seguridad, como Duhalde hizo con Alvarez. El derecho que se le concede a Alvarez quizá lo reclamen también Pampuro o Aníbal Fernández. Como en el mercado laboral, la política se ha vuelto una actividad de alta rotatividad, por lo que nadie quiere perder un empleo seguro.

•Mensajes

En su correspondencia a los diputados del Congreso, Duhalde dejará otros mensajes, casi a modo de instrucción. Un apoyo enfático al gobierno de Kirchner y otro al de Solá. El vínculo con Solá habrá que medirlo en otros detalles, sobre todo en la consagración de Mércuri como presidente de la Cámara de Diputados de la provincia. El «Pelado» se está pertrechando para atacar y se regodea con las operaciones de prensa que le encargará a Julio Macchi, quien se postula para ser su vínculo con el periodismo. Es un experto en ataques a Solá: viene de prestar servicios para Ruckauf.

Finalmente, Duhalde dejó una instrucción «in voce», cuando habló con Camaño: «Que la reunión sea corta». Es indispensable. Si dura más de 15 minutos, correrá el riesgo de que algún diputado, sobre todo de los que recién ingresan, quiera estrenar su oratoria y levante la voz con el único motivo que hoy comentan los duhaldistas: la paradoja de haber llevado al poder, en la Nación y en la provincia, a quienes se convierten rápidamente en sus verdugos.

Dejá tu comentario

Te puede interesar