8 de noviembre 2004 - 00:00

Investigan tránsito de armas con destino final en Colombia

La semana pasada (el 29 de octubre), un colombiano identificado como «Andrés C.» llamó por teléfono a la embajada argentina en Perú para denunciar la entrada en el país de un cargamento de armas por la Triple Frontera.

El aporte, aparentemente preciso en datos, fechas, lugares por donde entrarían las armas y vinculaciones de los presuntos responsables y organizadores, no conmovió a los diplomáticos criollos.

El consejero político de la embajada, ministro Jorge Lidio Viñuela, dijo a este cronista en una comunicación telefónica que la declaración de «Andrés C.» no era más que un trascendido sin mayor importancia. Es posible que el embajador Jorge Vázquez, a cargo de la representación en Lima, haya enviado un «canario» -en la jerga de la Cancillería, cable con información encriptada-a Rafael Bielsa, con los pormenores de la extensa desgrabación del diálogo que mantuvieron los agregados militares y el sospechoso «Andrés C.» en la madrugada del domingo 31 de octubre.

Se trataría de un envío de más de 200 armas de guerra (fusiles de alto poder y pistolas) desde la Unión Europea con entrada por dos pasos de la Triple Frontera trianguladas por Buenos Aires y con destino a Colombia para abastecer a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Como sucede en este tipo de operaciones, parte de la carga quedaría en el país de escala para uso y consumo local ( delincuencia común). ¿Explicaría esto la sofisticación del armamento que se dice poseían las bandas de secuestradores recientemente desarticuladas por la bonaerense?

• Caso concreto

A principios de octubre, Eduardo Duhalde deslizó la posibilidad de que sectores de las FARC hubieran «perforado» organizaciones gremiales y políticas de la Argentina, aunque señaló que no tenía «evidencia» concreta.

José Pampuro
, ministro de Defensa, salió al cruce minimizando las palabras de su ex referente: «No hay ninguna información de inteligencia militar que indique que en este momento las FARC estén operando en el país». Las actividades en la Triple Frontera, por su vinculación entre narcotráfico y terrorismo internacional, constituyenun foco de permanente atención de los servicios de inteligencia y serán, una vez más, motivo de análisis de la Cumbre de Ministros de Defensa Hemisféricos -asiste Pampuro-que se llevará a cabo en Ecuador entre el 16 y el 19 de noviembre. El ministro de Defensa ya tiene un caso concreto para darle contenido a su exposición en Quito. Sin embargo, la gravedad del informe que recibió del Estado Mayor Conjunto sobre el caso de «Andrés C.», más el clima actual de inspección (de gastos reservados) que soporta el edificio Libertador bajo la lupa de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Organismos de Inteligencia, decidió a Pampuro a ejecutar un « molinete» girando el «parte de inteligencia» a las oficinas de Héctor Icazuriaga, el jefe de la SIDE. Aunque la Ley de Inteligencia faculta a las Fuerzas Armadas y a la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar a auscultar los secretos externos para contribuir con la defensa, Pampuro decidió trasladar la data a los espías de la SIDE. Es que está por resolverse una sorda disputa entre la Cancillería y el Ministerio de Defensa por la figura de los agregados militares, quienes por misión y función abordan información sensible que aún eriza la piel de diplomáticos de origen político. El informante «Andrés C.» pidió dinero y protección a cambio de profundizar la información que proporcionó y atribuyó su conducta a una represalia contra las FARC, que, recientemente -dijo-asesinaron a dos de sus hermanos.

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