1 de noviembre 2002 - 00:00

La interna PJ endureció el trato del Fondo con el país

Dijo Horst Köhler: «Los argentinos son como los niños; cuando juran que harán algo, lo hacen con las manos en la espalda y los dedos cruzados, en señal de que no lo harán nunca». Este criterio, que el alemán que está al frente del Fondo Monetario Internacional aplicó en distintas oportunidades en sus negociaciones con el gobierno de Eduardo Duhalde, ilumina ahora para él una cuestión que ha complicado mucho la firma de un miniacuerdo con la Argentina en los próximos días. Es el problema de la fecha en la que el gobierno de Duhalde piensa alejarse del poder. Como adelantó este diario ayer en su contratapa, la incertidumbre sobre la verdadera voluntad del Presidente de regresar a su casa de la calle Molina Arrotea, en Lomas de Zamora, el 25 de mayo del año próximo. En este sentido, Köhler ha comenzado a compartir las mismas inquietudes de Carlos Menem, aunque por distintas razones. Claro, el Fondo parece tener más capacidad de maniobra frente al humo duhaldista que el menemismo. Köhler contempla romper con la Argentina y Anne Krueger, casi lo desea.

• Vistas por los funcionarios de Washington, las incógnitas sobre el calendario electoral afloran en distintos indicios. Uno, tal vez el menos importante, es el corrimiento de la inter-na peronista del 15 de diciembre al 19 de enero. El congreso que resolvió esa postergación fue convocado por el propio Presidente. Otra señal inquietante proviene de las versiones, a las que el Fondo accede por varias vías -no sólo periodísticas-, sobre diálogos en los que Duhalde y su círculo íntimo admiten que planean quedarse hasta diciembre de 2003. Tienen buena información: Carlos Reutemann, por ejemplo, indagó a un dirigente duhaldista sobre esa posibilidad antes de que sesionara el congreso de Parque Norte y le contestaron con un «obviamente nos quedamos hasta fines del año próximo, con lo que tenés más tiempo para decidirte».


• Sin embargo para la mirada del Fondo, la prueba más inquietante de que la administración pretende extender su permanencia en el poder más allá de mayo está en la lógica que exhibe Roberto Lavagna en la negociación. Köhler, Krueger y Anoop Singh advierten que el ministro discute cada capítulo del acuerdo con la precaución de quien se ve a sí mismo como el responsable por cumplir los compromisos a lo largo de todo el año que viene. En principio, el texto que pretendía obtener el organismo internacional era considerado un «piso» para encarar, a partir de mayo, una transacción más ambiciosa con un nuevo gobierno. Se esperaba que Lavagna facilitara, entonces, esa pretensión. Y pareció que lo haría: el borrador de carta de intención que publicó este diario en exclusiva había sido negociado por Guillermo Nielsen. Por eso cuando Lavagna envió una respuesta destemplada no sólo desautorizó a su subordinado sino que, sobre todo, desconcertó a los que estaban sentados del otro lado de la mesa.

Los dos aspectos del miniacuerdo en los que se manifiestan las mayores disidencias están ligados a la campaña que el gobierno tiene preparada para exaltar la personalidad del Presidente y, querellas jurídicas mediante, ensayar una estadía más prolongada en Olivos. Uno de ellos es la cuestión tarifaria. En ese punto el Fondo se muestra más intransigente que en ningún otro. Primero, por la presión de los países que están representados en su directorio y tienen inversiones en la Argentina en el área de servicios públicos. Segundo, por la comunidad financiera, que quiere ver reconstituida la capacidad de pago de las empresas de servicios para que puedan honrar pasablemente sus deudas. Los técnicos de Washington aspiran a una franja de 20% a 30% de aumento en el precio de los servicios. El ministro recibió de Duhalde una instrucción expresa: «No más de 10%». Para Köhler y los suyos, la diferencia entre una y otra postura es la que existe entre un gobierno de transición que se está yendo y uno de dimensión más ambiciosa que se prepara a vivir su edad de oro en términos de popularidad y perpetuación en el poder.

• Lo mismo rige para el tramo fiscal del programa. Alfredo Atanasof se sinceró hace una semana en la mesa presidencial y le aconsejó a Lavagna: «Si te piden un superávit alto, firmá. Total, lo tendrá que cumplir el próximo gobierno después de mayo y todos sabemos que el próximo gobierno negociará su propio acuerdo con el Fondo». Sin embargo Duhalde cree que «el próximo gobierno» -si esto significa el que administrará durante el año 2003- seguirá siendo el suyo. Por eso fue tajante también con su ministro: «Lo lamento, pero no podemos ni pensar en un aumento de impuestos, aunque eso signifique romper con el Fondo». Se lo dijo un minuto antes de que ingresara al despacho presidencial el mandamás de Repsol YPF a quien decidieron pedir una gestión ante el premier español José María Aznar, de modo tal que lo que no se consigue por negociación técnica se alcance en Washington por presión política.

• La negativa de Duhalde fue muy previsible. Un Presidente con preocupaciones electorales como las que él exhibe en estos días, destinadas a conseguir más tiempo en el poder y a que un candidato propio se imponga en la interna peronista y en las elecciones generales, está lejos de prestar atención principal a la cuestión fiscal. Al contrario: en la mesa del Presidente se planifica el proselitismo que debe lanzarse una vez que se firme el acuerdo con el Fondo. El miércoles, sin ir más lejos, Eduardo Camaño, José Pampuro, Jorge Matzkin y Juan Carlos Mazzón examinaron con Duhalde durante el almuerzo la publicidad televisiva que se divulgará a partir de ese momento, la lista de viajes dentro y fuera del país en los que se exhibirá el Presidente, las obras públicas que se inaugurarán (sobre todo en la provincia de Buenos Aires, en el área del Salado, por ejemplo) y los planes asistenciales que se multi-plicarán a partir de los nuevos recursos que se desembolsen desde el Banco Mundial o el BID. Estos van desde más prestaciones para Jefas y Jefes de hogar hasta un fondo fiduciario para salvar empresas grandes, medianas y pequeñas.

• Si la modificación en el horizonte político del gobierno cambió la lógica de negociación llevada adelante por Lavagna, también hubo un giro en el temperamento con que los funcionarios del Fondo se sientan a la mesa. «Si se van en mayo les tomamos lo que ustedes llaman un 'parcial'; si se deben hacer cargo de la gestión hasta diciembre, es un examen final de carrera» comentó un funcionario del organismo de crédito desde Washington ante este diario. En este punto estaba la pulseada anoche.

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