Mary Sánchez ya comenzó a preparar su regreso a la política, tras las denuncias por presunta corrupción que la obligaron a renunciar a la jefatura del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES).
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Con los ojos puestos en las elecciones de 2001, la cacique de La Matanza le entregó la semana pasada a Carlos Chacho Alvarez y los demás integrantes de la mesa nacional del Frente Grande una carta en el cual atribuye su caída a una interna del gobierno de la Alianza.
Para conseguir la inmediata adhesión de Chacho, no dudó en señalar a la SIDE -en su momento, también en la mira del ex vicepresidente por supuestas operaciones de prensa-de someterla a escuchas ilegales. Además, clamó por la solidaridad de sus colegas del partido, al subrayar que «esta campaña» -así la denominó- que la llevó a dejar la función pública «afecta al Frepaso en su conjunto».
La ceterista debió dimitir, luego de que se hiciera insostenible su permanencia en el cargo a raíz de las denuncias contra su hijo, Rodrigo Alemán, por presunta extorsión. Dirigentes mutualistas lo acusaron de pedirles dinero a cambio de habilitarles trámites en el INAES que administraba su madre.
Historia
El documento, titulado «El precio que tuve que pagar», relata la historia de Mary en sus propias palabras desde que empezó a trabajar como maestra en 1962.
Según la curiosa óptica de la sindicalista, «hoy, por razones distintas y en plena democracia, siento que mi familia y yo estamos pasando por una situación similar, plagada de intriga, mentiras, sospechas, escuchas ilegales en las que han participado, incluso organismo del Estado, como la SIDE».
«Lo que más duele es que, por una jugada artera de intereses económicos espurios y una operación de prensa eficazmente montada, se ponga en tela de juicio mi trayectoria, mi honestidad o la de mis hijos», trató de conmover por escrito.
El paper de Sánchez se lo llevaron todos los asistentes a la reunión del Frente Grande -entre ellos, Graciela Fernández Meijide y Aníbal Ibarra-, pero nadie opinó en voz alta sobre la cuestión. Tenían la excusa de que la crisis partidaria en Mendoza los había ocupado más de lo previsto.
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