Culmina hoy la reunión de los altos mandos del Ejército, reunión que otrora fuera famosa y expectante, Esta vez, en cambio, la insignificancia caracteriza estos encuentros, inclusive porque ni siquiera promueven la presencia del jefe de Estado (al menos, para que Néstor Kirchner les arroje un estímulo a los desorientados militares). Si hasta se dudaba de la concurrencia del ministro del área, José Pampuro, médico, con las mismas cualidades que hoy definen al Ejército, quien se destaca en ese cargo como si a un general lo ubicaran como decano de la Facultad de Medicina (aunque, para ser justos, nadie imagine falta de respeto por la profesión en esto de Pampuro: duhaldistas como él creen poderlo todo por origen y filiación). Hay quienes creen, erróneamente, que estos fenómenos militares son producto de la democracia.
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Al contrario, cada vez menos abierto y transparente es el cuadro informativo de los militares, ya que sus jefes actúan como si estuvieran en guerra (o como lo que ellos imaginan que es estar en guerra). Cualquier pregunta constituye un drama, sólo responden con evasivas, casi nunca con la verdad, sea porque desconocen los temas o temen arriesgarse en una respuesta y recibir una eventual reprimenda del Ejecutivo. Más obedientes y dóciles que cualquier ministro del gabinete, gente que por supuesto en esta administración no revela -en general-una mínima autonomía de la personalista conducción de la Rosada.
Para los militares, esta situación resulta ideal, como la esclavitud exime del pago de impuestos u otras responsabilidades. Para ellos, hoy la disciplina es sumisión. Más en un general como Roberto Bendini, quien nunca se imaginó en ese cargo y, luego de bendecido, tuvo una desgracia con suerte: fue dañado por su exabrupto sobre los judíos --nunca bien aclarado-, que lo dejó débil y más funcional que nunca a los dictados de Kirchner. Pero no puede quejarse: silencio, terror y burocracia (condiciones sólo superadas por Pampuro) le permiten continuar al frente de la fuerza a pesar, inclusive, de que los más obvios y confidentes asesores del mandatario aseguraron que pasaría a retiro. No sospecharon que había otros más amigos.
Zafa Bendini en las alturas como Pampuro y, en cualquier momento, hasta quizá logra una reconocida sonrisa de Kirchner a su tarea (conviene admitir que los otros jefes no son diferentes de Bendini). Pero tanta obediencia y discreción militar hasta mueve a curiosidad y, en algunos casos, a sospecha. Ya que, por ejemplo, si el país se niega a realizar operativos conjuntos con Chile, Brasil y los Estados Unidos, ¿para qué de pronto organiza ejercicios propios en Tandil con blindados, desplegan dodistintas unidades? ¿Sólo para despuntar el vicio, para justificar la condición o, acaso, el oncólogo Pampuro tiene hipótesis de conflicto desconocidas, en verdad superadas? Tal vez, uno quiere creer porque no se puede informar; debe ocurrir que algunos militares piensan en vivir como en la época de Roca y que la Patagonia se poblará de una vez por todas con la instalación de más cuarteles (teoría suscripta por Bendini y homologada por Kirchner).
• Vía muerta
No se explicó nada especial en los mandos sobre estos ejercicios, tal vez considerados habituales para ellos. Tampoco se abundó, por ejemplo, en el relevo del general Jorge Cabrera, quien hasta ahora estaba al frente de la Jefatura II (inteligencia). Sorprende el hecho porque era un hombre de la confianza de Kirchner, a tal extremo que los retirados y algunos compañeros sospechan que es autor de los «veraces» ( estados contables) de generales y coroneles, también de sus respectivas familias. Una suerte de especialista en asuntos internos, como en la Policía, autor -se dice-del informe a los medios que reveló, en su momento, que el anterior jefe de la fuerza, Ricardo Brinzoni, tenía más de un chalet en Bariloche. Cabrera conoce la cuestión porque también a él le atribuyen allí una propiedad. Más sorprende lo de Cabrera, pues en los últimos meses se lo sindicaba como el autor de delicados informes de inteligencia (su actividad, claro) que no sólo se referían a cuestiones militares, sino también a civiles. Es decir, el tradicional despliegue de espionaje interno que siempre se le atribuyó a la SIDE, organismo ahora menos preocupado -dicen- en estos menesteres.Lo cierto es que a Cabrera lo apartaron hacia la Dirección de Inteligencia Estratégica del Ministerio de Defensa, cargo para acomodar gente inventado en tiempos de Horacio Jaunarena, y que ahora responde a Pampuro. Se afirma que es una vía muerta para el futuro de Cabrera, pero nadie imagina tamaño destino cruel para quien tan buenos servicios ha prestado. Quizás el área nueva de Cabrera obtenga mayor potencia y presupuesto. Mientras, su anterior cargo ha sido cubierto por otro oficial, no especializado en inteligencia -él mismo habríaconfesado estupor por la designación-, además coronel de caballería, y que no le toca ascender, Mauricio Fernández Funes. Datos para no entender la medida (o movida), quizá quien mejor la explique sea Kirchner: ¿habrá agradecido a este oficial la investigación que llevó adelante la cobertura del episodio que comprometía a Bendini con su exabrupto sobre los judíos? Fue Fernández Funes uno de los responsables de la Escuela de Guerra en la pesquisa para saber si los dichos fueron ciertos o no. Parece haber sido eficaz en su tarea, de ahí su promoción (no sería el único de los actuantes a quien se le atribuye una mejoría laboral).
• Antecedente
Parte de esta comidilla, más la consagración por el Senado de Bendini como jefe del Ejército, era ayer lo que se comentaba en la reunión anual de mandos, cuando el Ejército decidía «la directiva para el año 2004». En secreto y sin plata, claro. Hoy concluyen los altos oficiales, aunque Bendini soñaba con un final más ruidoso, con una interrupción de Kirchner en la sala, que salude y exprese su voluntad nacionalista, peronista, una guía a todos los oficiales de la fuerza. Como en otros tiempos. Disponía Bendini de un antecedente: recordaba que 24 horas después del descabezamiento de la cúpula militar, apenas asumió, casi intempestivamente el Presidente se presentó en el Colegio Militar para la entrega de diplomas a los recién egresados y hasta hizo un discurso. Tanta esperanza tenía en un mensaje y en la presencia que, quizás, hasta es capaz hoy de extender el cónclave un día más. Y como todo en la fuerza es «canto y costura» (algo así como los planes Descansar), 24 horas de sueño no están mal.
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