30 de abril 2002 - 00:00

Pese a la tormenta, Duhalde demora más cambios en gabinete

Rodolfo Gabrielli, Carlos Ruckauf, el gobernador jujeño Eduardo Fellner y Jorge Milton Capitanich protagonizaron las últimas versiones sobre posibles cambios y enroques en ministerios.
Rodolfo Gabrielli, Carlos Ruckauf, el gobernador jujeño Eduardo Fellner y Jorge Milton Capitanich protagonizaron las últimas versiones sobre posibles cambios y enroques en ministerios.
La ansiedad de los funcionarios del gobierno sobre cambios inminentes en el gabinete era anoche insoportable, más cuando un par de secretarios presidenciales depositó en la Sala de Periodistas de Casa de Gobierno la última carga de profundidad. Fue la versión, rápidamente desmentida, de la oferta de la Jefatura de Gabinete al gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner, y de la Secretaría de Inteligencia del Estado al privadísimo secretario José Pampuro.

Fellner
desmintió anoche a este diario haber recibido oferta alguna de Eduardo Duhalde. Más aún: dijo que le creaba disturbios internos que circulasen esas especies que, admitió, escuchó ya en la cumbre de funcionarios y gobernadores en Olivos durante el fin de semana. Dejó abierta una puerta hacia la ilusión cuando admitió que no podía rechazar algo que no le habían ofrecido.

Pampuro
guardó silencio y gozó la masacre que hizo durante toda la jornada sobre el ejército manzanista al que acusó de desestabilizar al gabinete con la versión de que Jorge Matzkin sería el reemplazante de Rodolfo Gabrielli.

•Inspiración

Cuando se desatan los demonios del cambio de gabinete es imposible ejercer la profecía; el solo hecho de que se hable de cambios suele desencadenarlos. Los responsables de producirlos encuentran inspiración en las versiones, por disparatadas que sean. Aquí el cuadro anoche:

Jorge Capitanich parecía sostenido por dos factores. Uno externo, que es la negativa de los gobernadores que recibieron la oferta del cargo (José Manuel de la Sota, Rubén Marín) a aceptarlo. Duhalde remontó ese no pidiéndole a Juan Schiaretti que reemplazase al chaqueño; De la Sota y el propio Schiaretti encontraron argumentos para la negativa en la emergencia de la crisis en Córdoba. También en la necesidad de trabajar políticamente para las elecciones provinciales que se realizarán antes que en el resto del país por la alteración institucional que produjo la salida adelantada en 1995 de Eduardo Angeloz.

• El factor interno de su estabilidad en el cargo es que Capitanich se sentó el sábado a hablar con Duhalde de su continuidad y le reclamó al Presidente gestos de confirmación no sólo en el cargo: también que les ordene a los intrigantes que rodean al Presidente para que frenen la salida de versiones sobre su salida. Duhalde satisfizo con gestos cariñosos el pedido de confirmación de su jefe de Gabinete, pese a lo cual los secretarios presidenciales insistieron anoche en su acometida contra Capitanich. El entorno presidencial le reprocha al funcionario chaqueño algo irremediable por ahora, su juventud (tiene 37 años); un estilo displicente ante el cargo con su insistencia de que en cualquier momento vuelve a su banca en el Senado. Finalmente rechazan lo acusan de un pecado que el chaqueño no puede redimir, no es de la provincia de Buenos Aires.

• Un tercer motivo parece asegurar a Capitanich en el cargo: que el único funcionario anotado para reemplazarlo es el canciller Carlos Ruckauf y el Presidente no parece resuelto, pese a que está con las defensas bajas, a entregarle la administración al movedizo «Rucucu». Este ya se atribuye haberlo puesto a Roberto Lavagna, a su «public affairs» Alberto Coto y de haberlo interesado en que se lleve también a Martín Redrado.

Gabrielli parecía lograr anoche estabilidad en la capitulación frente al embate del manzanismo (por José Luis Manzano, claro) que quería poner en su lugar al pampeano Jorge Matzkin. Los escuderos de Gabrielli habían encontrado tres argumentos fieros para defender a su jefe: el ministro del Interior defiende una negociación con la empresa Siemens (contrato caído para la fabricación de los DNI) con un tope de indemnización de u$s 200 millones mientras que su eventual reemplazante pensaría en algo más caro. Otra: que Matzkin está peleado con el gobernador de su provincia, Rubén Marín, y que éste se enojaría. Un argumento vidrioso porque Duhalde ha dedicado parte de su biografía a irritarlo a Marín en lo que puede. Es cierto, sin embargo, que hoy el favor de Marín es imprescindible en cualquier armado que quiera hacer Duhalde dentro del peronismo.

•Irreemplazable

• El último argumento anti-Matzkin de los «rolistas» (por «Rolo» Gabrielli) es que el pampeano es irreemplazable como presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de los diputados. Algo que se dijo también en su momento de Raúl Baglini o de Oscar Lamberto, y que fueron reemplazados sin que corriera sangre.

• Lo que en realidad respalda a
Capitanich y a Gabrielli son constancias que nadie ha mencionado hasta ahora. El chaqueño jefe de Gabinete es un economista que está en su oficina 15 horas al día y alardea -a veces con solvencia-que domina técnicamente casi todos los temas de la administración. Sobre la coparticipación, por ejemplo, ha publicado tres libros. Le resuelve a Duhalde la biblioteca completa de la gestión y eso siempre el Presidente lo ha estimado mucho; es lo que hizo para él ocho años Rafael Romá manejándole el escritorio de gobernador. Figuras imprescindibles para esa etnia de los peronistas bonaerenses, tan dados al descanso y a la teoría y práctica de la buena vida.

Gabrielli es apreciado por Duhalde no sólo porque ha sido gobernador y conoce al dedillo las perrerías de los oficios provinciales. También porque fue uno de los primeros dirigentes del interior que se acercó a Duhalde cuando despuntaba la pelea con Carlos Menem. Fue quien le armó el primer equipo de economistas cuando era candidato a presidente antes de 1999, y el que le acercó a muchos de los hombres que hoy integran este gobierno.

• Dos de ellos, como ejemplo:
Redrado fue convencido en 1998 por Gabrielli de iniciarse en la quinta de San Vicente en el culto duhaldista. Otro es Roberto Lavagna, de cuyo bestseller « Manual del exportador frutihortícola» (ediciones Ecolatina) Gabrielli fue sponsor dinerario a cambio de que contuviese un capítulo dedicado a Mendoza. Hoy, Lavagna y Redrado manejan la economía de Duhalde. Es anecdótica, pero importa mucho en esa relación la afición de Duhalde y Gabrielli a la práctica del fútbol, deporte que han compartido durante años en modestos potreros del conurbano y también hoy en los fields presidenciales de Olivos.

•Inesperado

• En los cambios, que algunos en gobierno insistían anoche se precipitarán entre hoy y el jueves, se anotó un nombre inesperado, el ministro de Justicia, Jorge Vanossi. Extrañó mucho su escaso protagonismo en las reuniones de Olivos del último fin de semana. A un colega de gabinete el ministro le confesó hace algunos días que no puede vivir con $ 3.000 al mes y que, además, había cumplido una etapa. Esas expresiones encierran otra verdad de fondo: que su salida es prenda del final de la guerra entre el duhaldismo y la Corte Suprema de Justicia. De ese arreglo es prensa la votación de la ley que frenó la salida de los depósitos por la vía de amparos judiciales que la Corte -cuya vida midió Vanossi según la cantidad de cacerolazos que iba a aguantar-avaló con su acordada del viernes ordenando a los oficiales de Justicia que se quedasen quietos.

• Es incierto el reemplazo del único ministro que tiene salida asegurada,
José de Mendiguren. Los nombres para ocupar la silla del industrioso «Bocha» se suman de a diez por hora, pero Carlos Leone (ex Acíndar) concentraba las apuestas anoche. Puede primar una tercera posición, que Producción («nombre que no me gusta», dice Lavagna) pase a depender de Economía y sea secretario el ex PyME y frepasista Enrique Martínez.

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