1 de julio 2002 - 00:00

Temen ahora protestas más violentas

El gobierno teme una escalada de violencia en las algaradas callejeras de los piqueteros y otros grupos de protesta contra el gobierno como consecuencia de la actitud de la Policía de Buenos Aires ante la designación de Juan Pablo Cafiero en el Ministerio de Seguridad de Buenos Aires. La primera protesta se hará pasado mañana en la Plaza de Mayo para reivindicar a los piqueteros muertos en la estación de Avellaneda el pasado miércoles, en una refriega con fuerzas de la Policía de Buenos Aires. Otra, con más convocantes, ocurrirá el 9 de julio próximo.

Este es el primer diagnóstico que surgió de las reuniones de ayer entre los jefes de las fuerzas de seguridad que dependen de Nación y funcionarios de la Secretaría de Seguridad Interior de la Nación. «La designación de 'Juampi' Cafiero sabemos que no cae bien en la Policía de la provincia, por eso esperamos que ante nuevas protestas la Policía va a dejar pasar las protestas y las vamos a tener que enfrentar en la Capital», fue el dictamen que surgió como síntesis de las reuniones que mantuvieron Juan José Alvarez y los jefes de la Policía Federal (Roberto Giacomino), de Prefectura ( Veltriti) y de Gendarmería ( Hugo Miranda).

Desde ya que nadie asume con nombre y apellido esa presunción que refleja, además, la actitud de parte del gobierno ante el nombramiento de Cafiero (h), un frepasista con grandes adversarios dentro del duhaldismo, así como es un amigo estrecho del matrimonio Duhalde ( Eduardo & Chiche). De esa reunión surgieron otras constancias que con las horas irán apareciendo en el expediente que investiga los incidentes del miércoles pasado: Las fuerzas nacionales (Prefectura, Federal, Gendarmería) que actuaron el miércoles consumieron, en su totalidad, apenas 12 cartuchos de escopeta con balas de goma y dos bombas de gases lacrimógenos. El sumario ordenado describe cómo los uniformados son sometidos a un balance de munición antes y después de cada operativo y esa cantidad de elementos fue todo lo que se gastó entre Avellaneda y la esquina de Gral. Paz y Balbín, que es donde actuaron la Federal y Gendarmería para reprimir otras columnas que intentaron cortar ese acceso a la Capital.

• No es cierto, como afirmaron algunos medios, que los cartuchos de postas de plomo sean rojos y los de goma de color celeste. Los hay de todos los colores para todos los tipos de munición. La Prefectura, por ejemplo, usa cartuchos de plomo y de goma de polietileno transparente para que el usuario identifique cada tipo de munición.

• La serie de fotografías que se conoce no es nada al lado de todas las que se conocerán en el sumario. Hay centenares de fotografías sacadas por periodistas y también por las fuerzas de seguridad, además de los videos profesionales y de aficionados. Ninguno de esos testimonios, se escuchó ayer, incrimina al comisario Alfredo Frachiotti en la muerte de Darío Santillán; sí aparece más comprometido un suboficial que cumpliría tareas como chofer de un móvil policial.

• Se confirma la percepción del gobierno de que no es posible identificar a los piqueteros que encabezaron la primera columna en Avellaneda. Eso ha sumido al propio Duhalde en otra depresión anímica; nadie le sabe decir quiénes son los activistas del puente. Sólo le responden que «no son gente nuestra» y le identifican procedencia, la zona del Gran La Plata, Los Hornos, Berisso, Ensenada. Esas zonas, sabe Duhalde, mezclan el lumpen con una militancia muy ideologizada en contra de él. Son un mix de veteranos mansos de ERP o Montoneros que se entusiasman con los cacerolazos que los llaman, 20 años más tarde, a la plaza, con jóvenes que tienen una versión novelesca de los '70. Un padrón parecido al que hace 10 años asaltó La Tablada y con el mismo disparador, las advertencias de periodistas intoxicados e intoxicadores. Esta vez D'Elía dice que un periodista lo asustó con el anuncio de que habría sangre en el puente porque se lo había dicho un juez que lo había escuchado de un policía que lo custodia. En La Tablada los asaltantes del cuartel se justificaron porque les había pasado el dato un empleado de una consultora periodística ligada a Bunge y Born que decía que venía un golpe carapintada que ellos intentaron abortar. Con ese cuadro a los funcionarios de Duhalde -un hombre que hasta dialogó con los asesinos de José Luis Cabezas-acercarse una negociación con algún delegado de los enmascarados del puente Pueyrredón.

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