26 de junio 2002 - 00:00

Tras renuncia, deja mañana Alfonsín banca en el Senado

El Senado de la Nación aceptará en la sesión de mañana la renuncia que presentó Raúl Alfonsín a la banca que tenía en representación de Buenos Aires desde el 10 de diciembre pasado. En su reemplazo jurará la frepasista Diana Conti, que hará un bloque propio distante de la UCR que le dio la banca y del gobernante PJ. Es militante de la línea de Juan Pablo Cafiero (vicejefe de Gabinete) pero no se unirá a la frentista porteña Vilma Ibarra. Como ha hecho después de sus portazos, se irá de viaje, esta vez a Londres, donde lo esperan los socialistas del mundo.

Alfonsín
pareció repetir los gestos más conspicuos que le conoce el público: dejar un cargo antes de que se cumpla el mandato y dar un portazo que parece una despedida pero que los que saben entienden es el comienzo de otra aventura política que se enmarcará en el diagnóstico que tiene hoy el renunciante senador:

Alfonsín había prometido abandonar la banca si Eduardo Duhalde renunciaba a la presidencia de la Nación, amenaza que éste esgrimió ya varias veces desde que asumió. La última vez fue cuando parecían faltar los votos para sancionar la ley de «subversión económica», votación que en realidad precipitó esta renuncia. Cuando adelantó el fin de semana a sus hijos esta salida, Alfonsín no dijo que crea que Duhalde se va. Pero tampoco tiene un pronóstico optimista.

• De hecho, se siente aislado por las críticas que recibe por mantenerse junto al gobierno de Duhalde que el resto de su partido cree es una cargosa mochila. Explica que eso lo termina presentando al público como el causante de todos los males de la Argentina, cuando lo que intentó es servir al sistema democrático. Eso lo expuso en un comunicado que se conoció ayer como explicación de las razones para dejar la banca.

• También cree que su rol como sostén de la administración duhaldista es imprescindible porque piensa que en el futuro cercano habrá un colapso social, con desórdenes que pondrán la institucionalidad al borde, incluyendo la necesidad de que las fuerzas de seguridad y hasta las Fuerzas Armadas deban actuar de alguna manera.

• Por esa necesidad de mantenerse junto al gobierno recibe -al decir de algunos memoriosos de su partido-el mismo reproche que
Ricardo Balbín cuando sostenía la defensa del gobierno de Isabel Perón, en 1976. «El viejo se está haciendo peronista», lo acusaban en aquellos años los jóvenes radicales que hoy acompañan a Alfonsín. Frente a esos jóvenes, uno de los cuales era el propio Alfonsín, Balbín ensayaba frases inolvidables como: «Jamás saldrá de este puño la piedra que rompa el cristal de la república».

• Durante el fin de semana, el dúo Federico Storani-Rodolfo Terragno repitió la misma consigna, pero aplicada ahora a Alfonsín por insistir en la cohabitación con Duhalde. El ex presidente cree que esos sectores son injustos con él porque Storani es el socio político más viejo de Duhalde y ahora aprovecha la coyuntura para tomar distancia de ese compromiso vergonzante.

• En ese rechazo del dúo
Storani-Terragno, Alfonsín ve otra evocación ominosa para él: fue la fórmula antialfonsinista en 1995, alzando consignas contra el pacto de Olivos, que permitió la reelección de Menem en las internas presidenciales que ganó Horacio Massaccesi. El beneficiario de ese pacto rechazado por estos adversarios fue Fernando de la Rúa, de quien Storani y Terragno fueron ministros importantes durante más de la mitad del mandato que terminó el 20 de diciembre.

• Hay razones para la decisión que escapan a la comprensión política. El círculo político del ex presidente se ha ido cerrando con el tiempo y son fuertes en él, más que nunca, sus familiares, que creen que debe preservarse a Alfonsín de agravios e incomodidades innecesarias. Son quienes lo alentaron a tomar el paso de renunciar, aunque saben que con las manos libres el ex presidente encontrará la manera de recrear otra vez el capital político, algo que le han visto protagonizar ya varias veces en una biografía que parece estar siempre recomenzando.

• Con la renuncia,
Alfonsín -hombre de picardías políticas sin fin-dinamita el lazo que lo une a este Duhalde, que también escucha cada día más a los peronistas que le dicen que debe dejar de aparecer como gerente de una alianza bonaerense que irrita a los compañeros de todo el país. La carga del gesto se entiende como un alivio para un hombre que en los últimos diez años fabricó tres presidencias: facilitó la segunda de Carlos Menem, manejó la construcción de la Alianza que entronizó a De la Rúa y le dio los votos que necesitaba el 31 de diciembre Duhalde para sentarse en la Casa de Gobierno. Hermeneutas e historiadores deberán explicar el raro mecanismo de este hombre que, con tal de estar cerca del poder, se ha pasado la vida esgrimiendo ciertas ideas, pero ayudando a llegar al poder a sus principales adversarios políticos.

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