25 de diciembre 2000 - 00:00

Trotskistas ven una devaluación

Siempre interesados en la coyuntura financiera, los trotskistas del Partido Obrero dedicaron una nota de su órgano de difusión «Prensa Obrera» a los efectos de una eventual incorporación de Domingo Cavallo al gobierno de Fernando de la Rúa. En el imaginario de los seguidores del diputado porte-ño Jorge Altamira esa llegada del ex ministro de Economía de Menem se haría para inducir una devaluación del peso. Veamos los argumentos políticos y financieros.

El gobierno de De la Rúa, el Chacho Alvarez y los gobernadores peronistas son una dependencia del Tesoro norteamericano y del FMI. Los amos esgrimen como amenaza la cesación de pagos, para que De la Rúa cumpla con lo que piden los monopolios. Esto es el «blindaje»: seguir endeudando al país con el solo objetivo de engordar al capital financiero imperialista. Lo demuestra la intención de De la Rúa de vetar la restitución de 12% de los salarios.
El «blindaje» sólo resuelve el «problema» de los acreedores que le quieren seguir cobrando a un país quebrado. La recesión, mientras tanto, continúa y se profundiza. Noviembre ha sido un mes récord en materia de despidos y cierres.

De ahí es que una parte importante de los grandes capitalistas esté reclamando un cambio en la política económica: una devaluación.

Cavallo dice que es necesario ahora atar el peso a una «canasta de monedas», compuesta en 50% por el dólar y otro 50% por el euro, aunque «luego podría sumarle pequeñas partes con las monedas brasileña y japonesa». Sería el primer paso para ir creando las condiciones de una davaluación por decreto.

A partir de esta posición se entiende que sectores empresarios nacionales y extranjeros comenzaron a golpear la puerta de De la Rúa para que decida acercarse al ex ministro.

La Cámara de los Industriales de San Pablo se ha pronunciado por una devaluación del peso. «The New York Times» (8/12) declara abiertamente: «Con el peso sobrevaluado la Argentina no puede competir». Mien-tras que el conservador «The Wall Street Journal» afirma que a pesar de que Machinea cumple con los deberes reclamados por el FMI, «los mercados no confían en él», y que «algunos inversores han pedido que sea reemplazado por Cavallo».

El PO lo había pronosticado hace un año. En «Prensa Obrera» del 30 de setiembre de 1999 dijimos: «De la Rúa: Ajuste y Devaluación». Señalamos que en su programa, la Alianza se comprometía con el FMI «a completar la contrarrevolución laboral y social desarrollada por el menemismo». Pero que este «plan» estaba «condenado al fracaso» y que la Alianza «no quiere ni sabe cómo reducirlo (el déficit de cuentas externas); sólo está buscando más préstamos para financiarlo». Concluíamos: «Un gobierno aliancista nos llevaría a la cesación oficial de pagos y a la devaluación».

Los dirigentes de las centrales sindicales hacen lo imposible para evitar la huelga general. Hacen maniobras para no declarar lo que la realidad impone. Daer convoca a una marcha para el martes 19, Moyano a un brindis en la Nochebuena, De Gennaro apela a la movilización de mil jóvenes para hacer tareas solidarias en las barriadas. Todas medidas sin perspectiva. El gobierno aprovecha la situación para seguir con sus golpes, como el «boletazo», la entrega de las obras sociales sindicales, la anulación de la Prestación Básica (PBU) para los futuros jubilados, el aumento de la edad para el retiro jubilatorio de la mujer, el próximo aumento del agua, etcétera.

«El sistema previsional público... seguirá viviendo mientras haya democracia en la Argentina», dice la convocatoria a una concentración al Congreso realizada por el sindicato de ANSeS y la CGT moyanista. Pero esto no es cierto. Este congreso democrático votó la reducción de salarios de los trabajadores estatales, la reforma laboral antiobrera y una pila de leyes contra los trabajadores. Lo que va a detener la masacre fondomonetarista es la continuidad de los paros del 23 y 24, ahora con un paro activo de 72 horas.

No se trata de esperar hasta las elecciones de octubre de 2001, como sostienen los que buscan un «voto castigo»; sino de crear una salida política de la clase obrera y los explotados enfrentando ahora los planes de miseria y entrega, derrotándolos e imponiendo las reivindicaciones de las masas en lucha.

Los 150.000 piqueteros que se movilizaron el 23 y 24 deben organizarse en forma independiente. Impulsar la convocatoria a un congreso nacional de bases del movimiento obrero y de los desocupados. En línea con el que acaban de hacer en el norte de Salta o el acto clasista realizado en Mar del Plata el viernes pasado.

Los gobiernos que arrastran a la catástrofe deben ser echados. Tenemos que «blindar» al pueblo trabajador, uniendo políticamente sus luchas para echar a la Alianza y a los gobernadores del FMI y convocar una Asamblea Constituyente soberana donde los explotados discutamos cómo resolver la crisis nacional en nuestro beneficio.

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