27 de septiembre 2004 - 00:00

UCR: Stubrin insultó a quienes lo eligieron

Angel Rozas
Angel Rozas
Electo con un perfil moderado en la convención nacional de la UCR, nadie imaginó la reacción de Adolfo Stubrin en la madrugada del sábado. Fue cuando un reducido grupo de jóvenes lo hostigaba, impidiéndole hacer su discurso inicial como titular de ese cuerpo. Ya cansado, este hombre de aire intelectual, ex secretario de Educación de Raúl Alfonsín, los calificó de «hijos de puta» en tres oportunidades a los gritos para concluir desafiante: «Ustedes no entienden nada, pueden irse a la mierda», y ya no habló más. No es el mejor estilo radical.

Sí lo fue que la convención de la UCR consagrase como su presidente a este Stubrin santafesino, luego de ser convocada a las 10 del viernes para terminar reuniéndose más de diez horas después. En el ínterin, el meloneo y las negociaciones para la designación de la mesa -finalmente electos como vices 1° y 2° el rionegrino Oscar Machado y el bonaerense y miembro de la liga de intendentes rebeldes Helios Eseverri (Olavarría)-, los mantuvieron ocupados en distintas cuevas.

• Cuarteles

Luis «Changui» Cáceres, con el declarado patrocinio del ex presidente Raúl Alfonsín, reunió a sus delegados en el hotel Bauen (un establecimiento «recuperado»), donde incluso durmieron la noche del jueves. Stubrin, respaldado por el chaqueño Angel Rozas, titular del comité nacional, lo hizo en el comité Catedral al Norte -sobre la calle Bartolomé Mitre-, de la agrupación del Centenario, que responde al ex diputado porteño Jesús Rodríguez.

Entre los hechos curiosos ocurridos merece subrayarse que los radicales volvieron a hacer honor a su tradición misógina. Fue cuando la convencional porteña Norma Allegrone planteó una cuestión de privilegio porque la comisión de poderes -que acredita a los delegados- no había respetado el cupo femenino. El pedido fue rechazado por abrumadora mayoría de varones. Allegrone denunció entonces que «hay machismo en este partido».

Stubrin
fue consagrado presidente de la Convención Nacional de la UCR, al imponerse a Cáceres por 160 votos contra 134. Esos sufragios, en realidad, surgieron en una votación previa que se realizó para decidir el método de elección del presidente, en el recinto de la sede de la UCR de la Capital Federal y que fue tomada como válida, luego de que Cáceres aceptó su derrota y retiró su lista de la votación final.

Antes de eso, seguidores de Stubrin habían propuesto el voto nominal, y Cáceres, en cambio, se había pronunciado por del voto secreto, con el argumento de que las autoridades partidarias operaban a favor de su antiguo compañero de ruta, de la época en que ambos fundaron, a principios de los '80, la Coordinadora Radical.

Cáceres
buscó ser convincente respaldando su pedido al manifestar su certeza de que, con el voto secreto, la elección sería «transparente» porque así los delegados iban a votar «a conciencia». No fue suficiente para detener la marea renovadora. La propuesta fue derrotada y quedó claro entonces que la mayoría de los delegados respaldaba la candidatura de Stubrin. Ante el hecho político consumado, Cáceres optó por admitir su derrota, retiró su lista y no fue a la votación final.

En el resultado fue clave la división operada en el radicalismo bonaerense, que
votó escindido pero claramente volcado, en su mayoría, por el llamado Grupo Olavarría. La veintena de intendentes de los poco más de 40 que tiene la UCR, más el peso de dirigentes como Juan Manuel Casella, Eseverri y su hijo, Enrique García y Gustavo Posse terminaron de inclinar la balanza.

No fue la provincia de Buenos Aires la única que votó dividida -fueron estériles los esfuerzos de
Leopoldo Moreau; Federico Storani por su parte, sostuvo ahora que está más cerca de Stubrin-, también ocurrió lo mismo con Formosa, Córdoba, Santa Fe, Jujuy y Mendoza entre otras (9 a 1 esta última en favor de Stubrin), conducida por la batuta del ex gobernador Roberto Iglesias. Lo mismo pasó con los porteños de Rafael Pascual -el primero que se animó a hablar de alianzas; lo hizo en un reportaje de este diario-, y de Juan Pablo Baylac.

Stubrin
no pudo hablar porque las barras de Cáceres -conocidas como «Los Irrompibles»- irrumpieron en el recinto al grito de «que se vaya la derecha radical» y «alerta que camina el changuicacerismo por América latina». Baylac los identificó como la hija de Moreau más algunas amigas y jóvenes llegados desde Santa Fe, no más de una veintena en total.

Dejá tu comentario

Te puede interesar