Ricardo López Murphy debe viajar a los Estados Unidos el próximo 14. Para ese día tiene pensado anunciar cómo estará integrada la fórmula con la que competirá en las elecciones del 30 de marzo próximo. Ricardo Gómez Diez, el senador por Salta del Partido Renovador, era hasta ayer quien acumulaba más expectativas para ocupar ese lugar. Suben las cotizaciones de esa provincia, también Carlos Menem fue a buscar allí a quien lo secundará en los comicios, el gobernador Juan Carlos Romero. En el caso del ex ministro de Defensa y Economía, la selección plantea un problema de sonido: sería un binomio de cuatro apellidos.
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La rueda de la fortuna fue descartando aspirantes en el entorno de López Murphy. El primero de todos fue Jorge Sobisch, quien aclaró en la mesa del Movimiento Federal que prefiere mantener la autonomía de su partido para las elecciones presidenciales (en el Movimiento Federal se coordinan los distintos partidos provinciales que adhieren a la candidatura del economista). Le siguió otro candidato «imaginario», el médico, psicoanalista y escritor Marcos Aguinis, convertido en una especie de «Pacho» O'Donnell de la «nueva derecha». «Es como cuando Villaveirán quiso ser el segundo de Ezequiel Martínez, en tiempos de Lanusse. Finalmente nos impusimos nosotros con Leopoldo Bravo: para imagen ya está el candidato a presidente» razonó ayer un viejo y memorioso zorro de la red de partidos federales. Hablaba de 1972, cuando Arturo Mor Roig le aconsejó a Alejandro Lanusse asegurarse los votos.
Carlos Balter, la otra figura expectable para acompañar a López Murphy, se manifestó desinteresado en las últimas horas, en diálogo con el propio candidato a presidente. Según Balter, «no sirve ponerle a Ricardo a un provincial como segundo. Eso es encerrarlo, cuando lo que hace falta es abrir el juego con una personalidad de otra extracción». Figura principal del Partido Demócrata, sufre como toda la dirigencia de esa fuerza la dispersión electoral del grupo: un sector, el de Gustavo Gutiérrez, milita en el ARI; otro, el de Rodolfo Aguinaga, está con Adolfo Rodríguez Saá por solidaridad cuyana; Balter, finalmente, está integrado de manera oficial al grupo federal, el más afín con la vieja tradición de los «gansos». Tal vez es ésta contradicción la que inhibió al ex diputado nacional.
Más lejos que Balter, Sobisch o Aguinis se encuentra Patricia Bullrich, con quien ha habido más de un chisporroteo. Sin embargo los hombres de los viejos partidos conservadores encontraron una excusa razonable para desalentarla: «No podemos ir a las provincias con una fórmula armada en el área metropolitana».
El salteño Gómez Diez le ofrece a López Murphy un par de ventajas. La primera, pertenece a una provincia donde el radicalismo es de baja intensidad. Esta es una clave central para la estrategia del candidato: si aspira a capturar a los radicales de Mendoza, no puede obligarlos a votar a un competidor local como Balter. Si quiere hacer lo mismo con los de Santa Fe, Alberto Natale genera cortocircuitos. La caída de la candidatura de Angel Rozas en la UCR representa una enorme posibilidad para López Murphy, ya que más de la mitad de esa fuerza carece de una figura que despierte simpatía interna (Rodolfo Terragno, el más visible, nunca fue considerado un par por el establishment del radicalismo). La colección radical del ex ministro se extiende también a la Capital, donde Jorge Enríquez abrió un boquete y comenzó a atraer a gente de su propio partido (también de otras vertientes, como la diputada Fernanda Ferrero, el Partido Federal). Gómez Diez facilita las cosas para esta operación: su provincia tiene un radicalismo minoritario y él fue aliado de ese partido en 1999 y, en 1997, aliado del mismísimo Frente Grande de Carlos Chacho Alvarez.
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