30 de diciembre 2005 - 00:00

Despliegan amplio operativo para vigilar bloqueos

Para la Casa Rosada, el capítulo papeleras -ayer desde Uruguay se indicó que la decisión sobre su instalación es irreversible- supone una serie de variables complejas que ayer por la tarde eran analizadas para intentar definir un esquema sobre cómo enfrentar los episodios de hoy. Se conjugan varios factores:1- Ayer Fernández dispuso convocar a los asentamientos de Gendarmería Nacional cercanos a la zona de las marchas. Unos 200 efectivos de esa región serán movilizados para «custodiar» los tres puentes: Gualeguaychú-Fray Bentos; Colón-Paysandú y Concordia-Salto. El número de uniformados podría, incluso, elevarse a 400. Pero el problema no era operativo, sino doctrinario: hasta ayer la decisión era permitir las manifestaciones. De ese modo, no regiría la «doctrina Fernández» que se aplica con los piqueteros, a quienes se les prohíbe, con acciones preventivas, cortar puentes. Igualmente, los efectivos serán movilizados, y su actuación dependerá -en rigor- de la dimensión de las marchas, de la actitud de los manifestantes y sobre todo de si actuarán grupos reaccionarios. Hasta ahora nada de eso ocurrió: las movilizaciones anteriores fueron numerosas y ruidosas, pero no violentas. Participarán, de todos modos, grupos ecologistas que suelen tener actitudes impredecibles. Así y todo, la consigna oficial es preservar los puentes: el límite es muy sutil, pero las fuerzas de seguridad actuarán de producirse desmanes.
2- El episodio tiene, a su vez, un condimento internacional: las movilizaciones afectarán el tránsito en puentes internacionales (no puede compararse, por caso, con lo que significa bloquear accesos a la Capital Federal desde el conurbano) y, puntualmente, se realizan para reprochar la decisión de otra nación. Por eso, el gobierno buscaba ayer un punto de equilibrio para permitir la protesta, pero que no se interprete eso como una inacción. En definitiva, Uruguay es un país socio y amigo. Que el gobierno permita reacciones bruscas puede aparecer como un desplante a Tabaré Vázquez. Además, el frente interno no está cohesionado: Entre Ríos no logró, todavía, el respaldo expreso del resto de las provincias e, incluso, en dos de las ciudades donde habrá marchas -Concordia y Colón- no se esperan reacciones masivas, las que sí estarían concentradas en Gualeguaychú. ¿Cómo asimila Kirchner que Jorge Busti, gobernador entrerriano, anime esas protestas que en definitiva podrían terminar afectando al gobierno nacional? A partir de cómo se desarrollen los sucesos de hoy, esa pregunta podrá tener una respuesta más precisa.
3- No está en el centro de la vidriera política que es la Capital Federal -ni, obviamente, puede compararse con una tragedia que dejó 194 muertos- pero por lo descripto más arriba, las movilizaciones en las fronteras con Uruguay aparecieron ayer en un plano ligeramente inferior a los actos y recordatorios por el primer aniversario de la catástrofe de Cromañón, el otro tema -en realidad, prioritario- que obligará al gobierno a estar en estado de alarma: Fernández en la Casa Rosada monitoreando operativos; y Kirchner, desde Santa Cruz, siguiendo el desarrollo de ambas protestas.

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