El avance de la movilidad electrificada empieza a impactar en las decisiones de compra en la Argentina. Ya no se trata solo del precio inicial, sino del costo total de uso, mantenimiento y reventa. Un análisis reciente pone frente a frente a un auto a nafta y su equivalente eléctrico, y muestra diferencias cada vez más marcadas.
Auto eléctrico vs naftero en la Argentina hoy: costos, cuánto se ahorra por mes y cuál conviene más
Un informe compara precio, gasto mensual y reventa entre ambas tecnologías. La brecha en costos de uso se amplía, pero persisten dudas clave.
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Los autos eléctricos pisan fuerte en el país.
Según el análisis de Damián Di Pace, director de la Consultora Focus Market. , el punto de partida ya no es una barrera: el vehículo eléctrico de referencia cuesta incluso menos que el naftero ($37.150.000 contra $37.900.000), algo que hasta hace poco no ocurría.
Pero el cambio más fuerte aparece en el uso cotidiano. Para un recorrido promedio de 22 kilómetros diarios durante 20 días hábiles, el gasto mensual en combustible asciende a $104.320, mientras que cargar un eléctrico cuesta apenas $8.130, lo que genera un ahorro cercano a $96.000 por mes.
Ahorro en uso, pero con desafíos estructurales
A los menores costos de energía se suman otros factores que inclinan la balanza. El seguro del eléctrico también resulta más bajo y, en la Ciudad de Buenos Aires, no paga patente en 2026, lo que reduce aún más el gasto anual.
En conjunto, estos ítems permiten que el eléctrico recupere la inversión inicial en menos tiempo que años atrás, en un contexto donde además existen beneficios impositivos para vehículos electrificados.
Sin embargo, el escenario no es lineal. La reventa sigue siendo un punto de incertidumbre: a cinco años, un auto a nafta conserva entre 50% y 60% de su valor, mientras que un eléctrico se ubica entre 45% y 52%, en parte por la falta de referencias sobre el estado de las baterías en el mercado usado.
A esto se suman otras variables. La infraestructura de carga todavía es limitada, especialmente fuera de grandes centros urbanos, y la instalación de soluciones domésticas implica costos adicionales. También hay diferencias en seguros, disponibilidad de repuestos y tiempos de reparación.
En paralelo, los hábitos del usuario siguen pesando: la red de estaciones de servicio, la rapidez de carga y la familiaridad con los motores a combustión continúan siendo factores decisivos al momento de elegir.
En este contexto, los especialistas señalan que el mercado atraviesa una etapa de transición. El auto eléctrico ofrece menores costos de uso, pero todavía exige evaluar autonomía, puntos de carga y valor futuro, mientras que el modelo a nafta mantiene previsibilidad.
Así, en el corto plazo, los híbridos aparecen como una solución intermedia, combinando menor consumo con independencia de la infraestructura, en un escenario donde la decisión ya no es solo tecnológica, sino económica y práctica.




