"Dejo la Selección por mi madre"
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Juan Román Riquelme.
El mediocampista, campeón mundial juvenil en Malasia 1997, dijo que cada uno "es libre" de opinar lo que quiera sobre fútbol.
"Está bueno que se la agarren con uno así los demás viven en paz", expresó, respecto a las críticas.
Sin embargo, insistió en que no puede permitir que su madre se haga "mala sangre".
Riquelme también dijo que ya le informó sobre su determinación al seleccionador nacional Alfio Basile, a quien le agradeció por haberle dado la cinta de capitán en el debut del "Coco" al frente del equipo, el 3 de septiembre pasado ante Brasil (0-3), en Londres.
Cuando Riquelme empezó a deslumbrar en Boca, a fines de la década de 1990, algunos se animaron a rotularlo como el sucedor de Diego Maradona, pero el propio Riquelme se encargó de demostrar en la cancha que jugaba -y juega- un fútbol distino al que desplegaba el campeón del mundo en México 1986.
Su gambeta indescifrable, la capacidad de desequilibrio en ataque con su pique corto y posterior explosión, y su eterno romance con el gol llevaron a Maradona a convertirse en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
En cambio, Riquelme -quien tal vez goza de mejor reputación en Europa que en Argentina- se caracteriza por su dominio del balón en retroceso, su pausa y panorama del juego. También es dueño de una exquisita pegada, ya sea para ejecutar remates al arco como para dejar a compañeros de equipo de cara al gol, con estiletazos letales en busca del área.
Marcada esta diferencia y repasadas las virtudes de Riquelme, queda claro que el ex Boca demostró su talento a cuentagotas en el reciente Mundial de Alemania, donde sólo se lució en la histórica goleada por 6-0 sobre Serbia y Montenegro, en un partido jugado en Gelsenkirchen, por la fase inicial.
Teniendo en cuenta sus condiciones, se esperaba mucho más de Riquelme en el certamen germano, sobre todo después de que el entrenador José Pekerman le concediera la camiseta número 10, la misma que engaló Maradona.
El mediocampista del Villarreal de España jugó los cinco partidos de Argentina en el Mundial, pero no marcó goles y pateó al arco en contadas ocasiones.
En el encuentro decisivo contra Alemania, por los cuartos de final, cumplió una floja actuación, tras un arranque prometedor.
Pero ejecutó un tiro de esquina en forma magistral para que el zaguero Roberto Ayala marcara de cabeza el gol de la transitoria ventaja "albiceleste", en el comienzo del segundo tiempo en el Olympiastadion de Berlín.




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