Por Fernando Villar.- Hace mucho tiempo que no se ve tanto público en Augusta. Por su arteria principal, Washington Road, transitan miles de norteamericanos provenientes de distintos lugares del país, ávidos por llevarse cuanto suvenir o recuerdo este a su alcance.
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Es que todos coinciden que el Masters 2013 puede ser el mejor de los últimos diez años. La crisis económica mundial del 2008, que coincidió con la última victoria de Tiger Woods en un Grand Slam, el US Open, ralearon las tribunas, calles y hoteles de Augusta. Esta semana, la ciudad volvió a cobrar vida, en parte por un pequeño repunte de la economía norteamericana, pero fundamentalmente por este nuevo duelo generacional que se ha entablado entre Tiger Woods y Rory McIlroy. Woods, que busca su quinta Chaqueta Verde, acaba de recobrar el primer lugar del Ranking Mundial hace dos semanas y parece estar dispuesto a iniciar, a los 37 años, su asalto final al inexpugnable récord de Jack Nickalus que ostenta 18 títulos de Grand Slam. Tiger tiene 14, pero todavía está transitando por la sequía más grande de su carrera sin lograr ganar un Mayor, que está a punto de cumplir cinco años. Rory McIlroy tiene 23 años y proyecta alcanzar o superar los logros de Tiger, pero su contrincante aun esta activo como para defenderse e impedirlo. Augusta será el primer examen para los ambos.
Woods viene de ganar tres torneos del PGA Tour este año y llega en inmejorables condiciones de juego y de confianza al Masters. McIlroy, por su parte, viene penando desde que su firma con la empresa Nike lo obligó a cambiar de palos, situación que lo llevó a fallar varios cortes clasificatorios y retirase con excusas poco convincentes en el Honda. Sin embargo, la semana pasada en el Abierto de Texas, terminó segundo y se puso a tiro de recuperar el liderazgo mundial. Sabe que si gana y Tiger no termina como escolta, volverá al primer lugar del escalafón mundial. Pero también terminando entre los tres primeros lugares y aguardando un modesto certamen de Tiger, le alcanzará para ser número 1. La semana pasada fue primero en green acertados, aunque tuvo algunos problemas con su drive el último día y, fundamentalmente, con el putter a lo largo del certamen. Woods, por el contrario, viene jugando arriba del green como en sus mejores tiempos desde el Doral a esta parte, convirtiéndolo en el candidato por excelencia a ganar el certamen.
Cabrera jugará por haber ganado en 2009. Su juego aquí es una incógnita. Hasta ahora le ha costado mantener la regularidad, a pesar de haber iniciado bien algunos certámenes como el de Puerto Rico. Augusta es un campo que le gusta y el torneo parece revivirlo golfisticamente. Solo dependerá de su juego sobre el green y la paciencia que pueda tener sobre un campo que no perdona ni a los más experimentados.
El cordobés compartirá la salida en las dos primeras rondas con el español Sergio García y el australiano Adan Scott. La cancha no ha sufrido grandes variaciones a lo largo de su trazado. El green del hoyo 14 ha sido reconstruido totalmente, pero sin causar un cambio determinante a la hora de jugarlo. El miércoles será el último día de entrenamiento aquí en Augusta. Los jugadores harán sus últimos ajustes antes de iniciar el primer Grand Slam del año. También será la última oportunidad que tendrán los aficionados de entrar con sus cámaras fotográficas y filmadoras a la cancha, para quedarse con algún recuerdo o fotos de sus ídolos. Desde el jueves, los miembros honorarios vestidos de verde, entre ellos la flamante primera mujer admitida por el club, Condolezza Rice, custodiarán que nadie quebrante las normas del Augusta National, este paradisíaco lugar rodeado de azaleas, que dirimirá quien seguirá siendo el mejor jugador del mundo.
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