Hay muchas formas de entender a la Justicia por intermedio de aquellos que la tienen que administrar, pero algunas de esas formas son absurdas. El domingo, en el estadio de River, José Sand, ex jugador del club y actual delantero de Lanús, sufrió una persecución por parte del público que lo insultó durante los 90 minutos, como si se tratara de un delincuente por el delito de haber sido transferido y ahora jugar para el rival.
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Sand, cuando hizo el gol de Lanús, se descargó gritándolo y haciéndoles señas a aquellos que lo insultaban, que en lugar de callarse ampliaron su repertorio, y ahora la fiscal Claudia Barcia (la misma del affaire de Carlos Bilardo y el champagne, que en realidad se trataba de una bebida sin alcohol) le levantó una contravención al jugador, en lugar de identificar a los que lo insultaron y penalizar a los agresores.
Es que en el fútbol está establecido que el público puede insultar y hasta amenazar telefónicamente como hicieron productores de un programa radial partidario con Sand el viernes, donde le dijeron entre otras cosas: «Ojalá te rompas una pierna». En cambio, el futbolista o el técnico no puede contestar los agravios «porque es un profesional» como si cobrara para ser insultado y no para jugar al fútbol.
Para los fiscales es más fácil sancionar a los futbolistas que investigar las verdaderas razones de la violencia en los estadios, donde se cometen numerosas contravenciones y delitos con una impunidad que asombra. Tanto, que por ejemplo el presidente de River, José María Aguilar, para justificar su relación con Adrián Rousseau y Alan Schlenker, los ya célebres cabecillas de una presunta asociación ilícita llamada «Los Borrachos del Tablón», dijo: «Hasta que llegaron ellos, en la tribuna popular se robaba a la gente con impunidad, ellos corrieron a los ladrones de la tribuna». Por supuesto que Aguilar no explicó «el costo» que tenía esta seguridad para los hinchas, pero por los gritos que se escucharon en los quinchos cuando los dos grupos se enfrentaron por primera vez, parece que el dinero era bastante. Tanto que el hincha asesinado posteriormente, Gonzalo Acro, tenía un trabajo en el club para limpiar la pileta de natación por el que cobraba más de $ 6 mil por mes.
Lo cierto es que ahora Sand tendrá que atestiguar ante la Fiscalía N° 11 y es posible que sea condenado y tenga que pagar una multa quedándole antecedentes como contraventor. En cambio, la primera y segunda línea de «Los Borrachos del Tablón» siguen peleándose en cuanto lugar público se encuentren sin que nadie quede preso y ante la pasividad y la connivencia de los dirigentes de la institución.
En el medio, como rehén, está aquel que quiere ir a una cancha a ver fútbol y cada vez lo obligan más a recluirse en su casa frente al televisor para el beneficio del monopolio que maneja el fútbol.
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