26 de febrero 2018 - 00:00

Macri, en su laberinto

Los improperios parecen no tener que ver con sus decisiones políticas, sino con una presunta influencia para que Boca salga campeón.

Preocupación. Allegados a Mauricio Macri dicen que el presidente está dolido con los insultos de las parcialidades futbolísticas.
Preocupación. Allegados a Mauricio Macri dicen que el presidente está dolido con los insultos de las parcialidades futbolísticas.
Debe ser muy feo escuchar a todo un estadio insultándote, más si sos presidente de la República y no árbitro de fútbol que ya tiene los oídos acostumbrados al insulto permanente de las hinchadas. Por eso los que están cerca de Mauricio Macri dicen que lo está afectando mucho esta costumbre que cada vez que se equivoca el árbitro o hay una situación en contra del club local se escuché el coro. Primero fue en la cancha de San Lorenzo y después de en la de River, hasta ahí no eran justificables, pero si comprensible porque al presidente lo relacionan con Boca y hay una rivalidad muy grande entre estos clubes y Boca.

Pero ahora pasó también en cancha de Huracán, Lanús, Independiente y Chacarita y ya parece una tendencia que va creciendo.

Lo raro de esto es que los insultos no son por sus decisiones políticas, ni siquiera porque ahora el fútbol televisado dejó de ser gratuito para ser pago y por cable. Los insultos son porque los hinchas creen que está influenciando para que Boca sea campeón, porque en el fútbol la mayoría cree que está "todo arreglado", sobre todo cuando no son ellos los que van punteros. Lo mismo ocurre con las decisiones arbitrales: todos los hinchas recuerdan los errores que los perjudicaron, pero ninguno se acuerda (por lo menos por mucho tiempo) de los errores arbitrales que los favorecieron.

Es cierto que es difícil de digerir para los hinchas que los dirigentes de mayor peso, tanto en AFA como en la Superliga, sean simpatizantes confesos de Boca y que si uno rastrea en el Tribunal de Disciplina, la Comisión de Ética y muchas de las principales comisiones de la casa del fútbol son manejadas por hombres que son socios y hasta fueron dirigentes de Boca. Pero esa no parece la razón por la cual Boca lleva un año y medio en la punta de la tabla del fútbol argentino. Ni tampoco que haya sido el último campeón y se perfile para serlo nuevamente, pero a los hinchas de fútbol los han incentivado mucho para que no piensen y sientan odio y ellos se sienten perjudicados y ven en este presidente futbolero, acostumbrado a hacer chistes a los presidentes extranjeros relacionados con el fútbol (algunas veces desubicados), como el verdadero responsable de que esto ocurra. Quizás muchos lo han votado para presidente de la República y quizás lo vuelvan a votar, a pesar de que lo insulten. Pero para otros pasó a ser el enemigo desde el momento que se convencieron de que influye en las victorias de Boca y en la derrota de sus equipos (cosa que es tan disparatada que no merece mayor análisis).

Lo cierto es que el insulto al presidente pasó a ser un hit que cada vez recorre más estadios y aunque las transmisiones televisivas se esfuercen en taparlo, las redes sociales lo reproducen por mil y eso pasó a ser una gran preocupación gubernamental.

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