Lavezzi lucha con Johnny García. San Lorenzo no pudo con los mexicanos de Chivas. El empate terminó siendo premio.
Fue un empate con sabor a derrota para San Lorenzo, porque ese resultado lo deja casi fuera de competencia, más allá de beneficiar a este sólido, prolijo Chivas; porque, si se miden el juego y las posibilidades de gol, habrá que apuntar que, si hubo una figura, fue el arquero Orión y porque los fantasmas siguen sin abandonar el Bajo Flores. Más, se podría decir que San Lorenzo estuvo mucho más cerca de la derrota y que este resultado puede darle un empujón al «Bambino» Veira, aunque los insultos hayan ido esta vez por otros caminos.
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San Lorenzo tenía la imperiosa necesidad de llegar al triunfo, se sabía que debía ganar para seguir con alguna esperanza en esta zona de la Libertadores. Se sabía y lo sabían los jugadores del equipo argentino, y se notó. Simplemente, porque difícilmente un equipo que tiene tamañas necesidades pueda salir al campo dando las ventajas imaginables y también las que no lo son.
Esa pesada carga, tal vez, hizo que se mostrara como un equipo dubitativo, intranquilo y, lo que es llamativo, sin la convicción ni la actitud que suele tener un equipo cuando juega de local. No le costó mucho al prolijo equipo mexicano. Con terreno para generar una salida si se quiere cómoda, para luego hacer correr la pelota trabajada en el medio y buscar los laterales para encontrar huecos aptos para el remate.
Los encontró por el medio, aunque se topó con Orión, que evitó que se produjera un desnivel que se veía en cada avance de Chivas, con Morales de pivot. San Lorenzo siguió perdido en el terreno. Sólo -y con intermitencias- puede destacarse algún intento individual de Montillo y el esfuerzo de Virviescas, que tuvo sólo un tiro libre con posibilidades.
Con esas intermitencias, San Lorenzo tuvo las mejores situaciones, pero dejó espacios para el contraataque, y en cuanto a necesidades, el juego favorecía siempre a Chivas. Más simple, más claro, más contundente en ataque. San Lorenzo se adelantó, tal vez exagerando con los centros, pero por lo menos encontrando una fórmula para contar con alguna jugada que lo llevase al gol. A «puro corazón», tuvo dos oportunidades, pero las desperdició. Claro, el fútbol no sabe mucho de justicia, pero con este empate la hubo.
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