6 de noviembre 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

A nosotros nos sonó a una serie de segmentos desconectados, pretendiendo que se unieran mediante dialéctica patriótica, el anuncio del llamado «plan» que tanto se había hecho esperar. Será que es un ejemplo de lo moderno, pero siempre creímos que cuando se hablaba de un paquete de medidas aunadas bajo el paraguas de un «plan», el mismo era como la visión de un panal: donde cada celdilla de cera estaba compartiendo, al menos uno de sus lados, con otras celdillas. Tal vez, pensamos al escucharlo de primera intención, lo que está fallando en el equipo gubernamental es el que escribe los libretos, para que el Presidente transmita. Algo de esto puede existir, pero lo dejaríamos más para el trabajo de una tijera que quitara todo lo melancólicamente exuberante con que revisten esos discursos presidenciales, donde se termina andando por las ramas de hablarle a un argentino... Que no existe desde hace mucho. Apelaciones al corazón, a lo patriótico, matizadas con presuntas hazañas de concretar por los funcionarios y que termine viendo a todos unidos, en un abrazo tierno y fraternal. El problema es que toda esa masa de relleno: no es creíble. Hace densos los mensajes y -para como- se habla de vaguedades de enunciados, donde lo que queda es preguntarse cómo se logrará tal o cuál cuestión planteada. Por lo tanto, también nos dejó un enorme vacío ese discurso del jueves.

El gobierno, sus brillantes componentes que urden tal tipo de «planes», siguen ignorando -o queriendo ignorar- cuáles son las necesidades primarias a cubrir, para que los ciudadanos se animen a salir de sus cuevas económicas y, gradualmente, retornando a consumir. Ni siquiera deben enviar a realizar alguna encuesta sencilla, de lo contrario atacarían sobre esas prioridades para reactivar el mercado interno -el dato clave- y que no pasa por bonos caros, por déficit fiscal, por altas tasas, sino por el miedo infinito a perder el empleo al mes siguiente. O a la rebaja intempestiva de sueldo, que le deje gastos en descubierto. Nos dio toda la impresión de una Nación donde habitantes comunes, y gobernantes, están separados por un ancho río (y cada vez más). Cuando más quieren remar los que mandan, para acercarse, más se alejan. Y desde la orilla, se los ve cada vez más distantes... Como si fueran parte de otro paisaje.


Está claro que si esto no penetra al torrente social con presteza y pulcritud, no hay ya más para rehacer, retocar, o reconstruir. Y, sinceramente, para verlo como una última jugada a fondo, como la estrategia que deba enderezar el curso que se lleva: es bastante pobre en sorpresa, en originalidad, y especialmente en las dosis necesarias para satisfacer lo primario. A menos que venga algún extra, vía exterior, o avales que convenzan gente: nos ponemos a rezar nuevamente (siendo jueves 1/11/01).

Dejá tu comentario

Te puede interesar