27 de diciembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Sería muy interesante llegar a conocer el «mix» actual, del que se componen los volúmenes accionarios de nuestro mercado. Porque los precios van... y van, pero el cúmulo de inversión no crece y hasta ha decrecido en diciembre, respecto de buenos momentos de noviembre y donde los papeles locales pasaban de los $ 30 millones por rueda, casi como a velocidad de crucero. El buen envión de cotizaciones se apagó apenas por momentos, pero reaparece ante la menor señal que se pueda nominar como «alentadora» (bastante para discutir respecto de esto y cotejos económicos nominales, que llevan la intención de seducir gente) y hasta en zonas muy dudosas, o negativas, aparece alguna carta: para retroceder y volver de contragolpe. He ahí un Merval al que veíamos como para «550», en algunos cupones de noviembre, que nos hizo pasar calor con las bajantes posteriores y donde había derrapado bien abajo de los «500». Pero, helo allí, para el lunes previo a Nochebuena se encaramaba a los «520» puntos y faltando casi una semana de ruedas: crecía en sus chances para, por lo menos, coronar aquella cumbre vista. Muy bien, pero... ¿y el volumen? La ausencia de órdenes es llamativa, consiguiendo no más de $ 15 millones en reiteradas muestras y haciendo de palanca la ausencia vendedora, tocar y retocar precios a gusto y placer.

Claramente, nos parece, deben predominar los fondos institucionales en todo esto. Necesitados, de paso, en poder mostrar a sus adherentes buenos saldos positivos, en el curso de un año tan complicado. La tradicional «baranda» de la Bolsa, los inversores profesionales casi, que están a la vera del recinto... ¿en qué medida mueven la plaza? ¿Y los de más allá? ¿Aquellos que se manejan preguntando al agente de Bolsa? Finalmente, la extrañeza por lo que ha generado la Bolsa en muchas de sus acciones: y la ausencia, evidente, del común de la gente.

A tal punto extraño que, se dice, han ido reapareciendo los depósitos en entidades tan cuestionadas por todo lo sucedido y no derivan al mercado bursátil ni un mísero cobre. El único sistema que no se quedó con dinero de nadie, que mantuvo y cumplió los calces de operaciones, que dio liquidez permanente -por muchos meses fue también
la única en plaza- se ve dejado de lado, como si se hubiera generado algún desastre, o caída de algún boom previo.

Es preocupante (no diga que no), porque no solamente es deseable ver alguna ruta ascendente de precios: sino que la condición básica para que una Bolsa crezca, se expanda, es que la base minoritaria, la popular, se vaya aumentando junto con la tendencia de cotizaciones. Y esto no ha sucedido, ni siquiera cuando ha liberado mucho dinero atrapado en lo financiero y cuando la emisión, por toma de dólares, generó una masa flotando en busca de algún puerto.
El rasgo más extraño...

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