28 de abril 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Esto que se ha publicado en lunes, después del acto electoral, necesariamente lo estamos escribiendo en jueves. Dejábamos a un mercado argentino «exuberante» en sus indicadores vitales, con fantástico camino de lunes a miércoles y por el modo clásico en que se estructuró el movimiento. Tiempo ahora de darles el debido valor a las tres ruedas de la corta Semana Santa, donde no se vieron resultados de importancia en las cotizaciones, pero se había elevado el régimen de negocios a la zona de los $ 30 millones, formalizando una labor de disecamiento, que dejó el campo propicio para la etapa que siguió. Hubo un período de preparación, haciendo posiciones fuertes y consolidando los pisos; hubo una inmediata «explosión» y yendo hacia arriba directamente, en la reapertura del lunes. Todo, en un ciclo comprimido, un miniciclo que estaba marcado con la fecha electoral y que debía explotar esa semana. Bien armado, bien desarrollado, a lomo de un argumento que suele ser efectivo, como el de apuntar a que podrían ganar «los candidatos pro mercado...» ¿Quiénes han sido esos candidatos, alguna vez? No conocimos gobernante, tampoco lo hemos leído en nuestra historia, que tuviera real interés en fomentar la inversión en el mercado bursátil. Apenas si lo sostuvieron, y se sacaron fotos, cuando las tendencias iban en dirección a sus planes y deseos. Después le caían encima haciéndolo responsable de una suba de la vieja onza de oro, de la especulación con cédulas hipotecarias, de desvíos con acciones, y de manipuleos con títulos públicos.

Rivadavia intentó inculcar el sistema, porque lo había visto funcionar en Gran Bretaña y se pasó el interés en cuanto no encontraron mucho eso. Lo demás fue un remar contra corrientes que le iban en contra al sistema y formaron en la población la imagen de un recinto para pudientes, foco de males para el país. En los últimos años se sirvieron del mercado como para ayudarse a privatizar, sin preocuparse nada por si el segmento de empresas nacionales cotizantes se iba extinguiendo. Nadie es pro mercado, no hacerse ilusiones, ningún candidato incluye en su discurso el potenciar la inversión por medio del instrumento más popular e idóneo: capitalizar sociedades, sin costo y sin endeudamientos prohibitivos. Lo que se hace, quizás, es suponer que una política «a la derecha» obrará en favor de una tendencia, pero esto está por verse, en los propios límites que impone la situación actual. No hay candidato que llegue a las arcas repletas, sino a una serie de situaciones -casi todas prioridades- en un país desfondado y con los sabuesos del FMI instalándose, en cuanto asuman las autoridades: para preguntar cómo y cuándo se pagan las facturas. Montar el movimiento previo no asegura para nada el posterior, pero el negocio estuvo hecho para los que forjaron esos días de toma de posiciones y después las «descremaron» debidamente. Ciertamente, se extrajo una suba de la galera.

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