¿Acaso ya pasó lo peor? La Bolsa lo vio primero, pero exagera

Economía

¿Se cierra la brecha entre la increíble bonanza de los mercados y la penosa realidad del día a día? No está nada claro.

En los Estados Unidos, se esperaba la pérdida de 8 millones de puestos de trabajo adicionales en mayo, y, en cambio, brotaron 2,5 millones nuevos empleos netos. Lo que nunca en un solo mes en toda la historia. Así lo subrayó el presidente Donald Trump (quien también podría quedarse sin conchabo). Todos surgieron en el sector privado, que se dio maña para fabricar más de 3 millones de plazas. Primera conclusión: en la era rauda del coronavirus, no sabemos bien dónde se ubica la economía en tiempo real. Los analistas, su consenso, vaticinaban una tasa de desocupación elevándose de 14,7% a 19,7% y tampoco ocurrió.

Más bien se contrajo a 13,3%, otra buena noticia imprevista, aunque sea la segunda lectura más alta desde la Gran Depresión. Segunda conclusión: el mercado de trabajo no va a desafiar las crueles condiciones de los años treinta, ni en cantidad ni en calidad. Entonces la tasa de desempleo alcanzó el 25% y no existía ningún indicio de Estado benefactor. Es verdad que la letra chica de la encuesta de hogares reconoce un error de medición (involuntario). Si los consultados hubieran definido correctamente su estatus laboral, la tasa de paro sería tres puntos más pronunciada.

Muchos contestaron que estaban “empleados, pero ausentes de su trabajo”. Son desocupados asintomáticos. Tercer corolario: tampoco es sencillo descifrar si uno está en su casa, empleado o parado; sentado ocupando una plaza de trabajo o apenas cobrando un cheque, pero sin ocupación. La confusión es grande. No son pocos los que con los beneficios extraordinarios ganan más hoy que cuando percibían su salario regular. La entrada en vigencia del programa PPP alivió la situación, pero complica el diagnóstico.

El flamante plan del Gobierno financia a las pymes que mantienen el personal ocioso en su nómina, encargándose del desembolso de sus retribuciones. ¿Cuál es la diferencia, de fondo, con el pago de un subsidio formal al desempleo? En principio, ninguna. Desde ya, esta modalidad -de naturaleza más “europea”- preserva la relación de trabajo y mitiga la disrupción emocional. En general, si lo que se quiere indagar es cómo responde el empleo al shock del Covid-19, EE.UU. es transparente. Despide sin demoras, pero también recontrata rápido. El sector de bares y restaurantes clausuró 6 millones de posiciones en marzo y abril. En mayo, fue la usina más activa: sumó 1,4 millones de empleos con la reapertura de los negocios y la relajación de la cuarentena. La evidencia es promisoria.

Conviene, sin embargo, tomarla con pinzas. Las cifras del informe de empleo (que, en rigor, no es uno sino dos piezas independientes, una encuesta de hogares y otra a nivel de firmas) son muy volátiles y están sujetas a sucesivas revisiones. ¿Cómo pudo arrojar una visión tan diferente a las lecturas semanales de los pedidos de subsidios de desempleo? Allí se acumulan 42,6 millones de solicitudes individuales, desde principios de marzo (cuando se declaró la pandemia). El jueves último ingresaron 1,87 millones de requerimientos extra, en línea con una tendencia que declina desde mediados de marzo (cuando fueron más de 6,6 millones), pero que está lejos de extinguirse.

Se escribió una semana atrás: “La crisis destruyó 40 millones de empleos, según los pedidos de subsidios, pero se pagaban 25 millones de planes y, esta semana, sólo 21 millones. Se sale a ciegas de la cuarentena, y la actividad resucita del fondo del pozo”. La clave para la comprensión: la inmensa mayoría de los despidos es de naturaleza temporaria. Los subsidios que se abonan hoy son 21,5 millones. El encierro cede, y no sólo alienta la actividad, también revive el empleo.

¿Pasó lo peor? Es que Wall Street no se queda quieto. El índice Nasdaq ya clavó un nuevo récord (aunque fugaz). Si se hacen los números, la economía de los EE.UU. tiene casi 20 millones de empleos menos que antes de la epidemia. La Bolsa vio la recuperación real antes que nadie, eso es cierto, mucho antes que ocurriera. Pero no paga por un bebé en pañales, sino por un adulto en su plenitud. El empleo, que roza los 133 millones de personas, es igual que en diciembre de 2011. El índice S&P500 comenzó 2012 cotizando en 1.300 puntos; el viernes, cerró en 3193. Es decir, casi dos veces y media más. Es todavía imposible conseguir una visión tan optimista sobre el vigor de la recuperación por venir. Habrá que verlo para de veras creerlo.

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