La ganadería argentina terminó agitada el año 2000: versiones sobre la existencia de focos de fiebre aftosa en el nordeste del país ensombrecieron el panorama justo en la misma semana en que se reanudaron los envíos de carne a Estados Unidos tras la crisis regional desatada en agosto pasado. La lenta reacción de algunos sectores y opiniones contradictorias de productores y funcionarios dejan planteado un escenario complejo para el nuevo año.
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Mientras informes oficiales externos -por caso el de la Oficina Internacional de Epizootias dejaron sentado que la Argentina erradicó la fiebre aftosa y otros organismos con intereses comerciales -como el Departamento de Agricultura de Estados Unidos-liberaron el ingreso de carne argentina a sus mercados, en el país se sigue manifestando un clima enrarecido por rumores y noticias sobre nuevos brotes de la enfermedad. Mayores controles
Durante las dos últimas semanas del año anterior se mencionó a Córdoba, Buenos Aires, Formosa y Entre Ríos como provincias con problemas sanitarios, luego desmentidos. No obstante, los funcionarios cordobeses ya manifestaron que agudizarán los controles fronterizos y la misma acción prometen en las otras provincias.
Pero el caso más llamativo estalló el miércoles pasado cuando -tal como informó Ambito Financiero el jueves-Presidencia de la Nación recibió una carta proveniente de Entre Ríos, que con la firma del gobernador Sergio Montiel explicaba la preocupación provincial por la existencia de un pequeño foco aftósico. La reacción del Poder Ejecutivo se hizo esperar y recién el viernes a la tarde, a través del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (SENASA), se rechazó la versión aunque esa desmentida generó más dudas que certezas.
Los acontecimientos, difundidos la semana pasada, mostrarían serios problemas de los controles sanitarios: un rodeo que habría salido de Formosa, cruzó el Litoral por Corrientes y llegó a La Paz, en Entre Ríos, donde se habría comprobado la existencia de síntomas de la enfermedad en 5 vacunos sobre un lote total de 8 mil cabezas. La provincia receptora «expulsó» a los animales, que volvieron a la provincia de origen, cruzando de nuevo por Corrientes. A la versión oficial de Entre Ríos se sumó el productor de Curuzú Cuatiá Martín Rapetti, presidente de la Confederación de Sociedades Rurales del Litoral, quien confirmó el arribo a La Paz de animales que presentaban síntomas de fiebre aftosa. Rapetti les envió sendas notas críticas al titular del SENASA, Víctor Machinea, y al de la Secretaría de Agricultura, Antonio Berhongaray, quienes mantuvieron perfil bajo en esta coyuntura. En tanto, se sabía que los lotes que fueron transportados por el Litoral contaban con la documentación legal que permitió su traslado por tres provincias.
Por su parte, Eduardo Greco, vicepresidente del SENASA, salió al cruce de las versiones y negó la existencia de aftosa en la región mesopotámica e indicó que la tropa estaba, en realidad, infectada por garrapata. «Hubo serología positiva pero a la prueba de tamiz a Elisa 3 abc, que es una prueba de alta sensibilidad y da muchos falsos positivos», habría dicho Greco, planteando más dudas sobre el caso. Luego de su denuncia, Rapetti habría admitido que «si bien parecía que la tropa hubiera tenido aftosa, tenía garrapata», mientras el presidente de Confederaciones Rurales de Chaco y Formosa, Ricardo Buryaile, adhería a la versión del SENASA. Lo curioso es que enfermedades como aftosa y garrapata son muy diferentes en cuanto a su sintomatología.
La garrapata es un parásito externo que provoca «tristeza» y decaimiento en el animal mientras la aftosa se manifiesta externamente en pezuñas, aftas y babeo del vacuno, síntomas muy visibles y conocidos por los ganaderos.
Esta nueva crisis sanitaria interna, que deja planteado el resquebrajamiento de los controles, también muestra «la carencia de un plan que permita disipar las dudas sobre la existencia de la enfermedad», dicen los ganaderos. Mientras se habla de amenazas y presentaciones judiciales, en la Argentina se recalienta el debate sobre política sanitaria. La Argentina «recuperó» el mercado estadounidense de carnes luego de cinco meses de veda que le hicieron perder ingresos por u$s 75 millones por exportaciones. Uruguay, por su parte, tuvo un foco real, reconocido oficialmente un mes después de surgido el problema en la región, y los estadounidenses le habilitaron su mercado un mes antes que a la Argentina.
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