Néstor Kirchner asumirá la presentación oficial de la propuesta de salida del default ante los jefes de Estado que potencialmente podrían influir en el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que aprueben las metas contenidas en el acuerdo firmado con la Argentina para 2004 y avalen los números de 2005. El Presidente se basará en que, con la presentación de la oferta definitiva a los acreedores y el haber cumplido anticipadamente con la meta de superávit fiscal de $ 10.003 millones para todo el año (a partir de los datos de la recaudación impositiva que serán oficializados hoy y que estaría cerca de los $ 12.200 millones), no habría más argumentos para que el FMI no apruebe las metas comprometidas por el gobierno.
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Como igualmente se esperan embestidas en contra de la posición oficial -sobre todo de los acreedores que no aceptan la propuesta del gobierno de salida del default-, Kirchner asumirá el rol de defensor de los números argentinos. Todo esto en paralelo con las reuniones que mantenga Lavagna con los propios bonistas locales y del exterior en los próximas días. Como aperitivo, ayer Roberto Lavagna aseguró que esta oferta ya fue conversada y hablada con los países en desarrollo. El ministro hizo referencia a las exposiciones que hicieron junto con el canciller Rafael Bielsa en las reuniones bilaterales en la cumbre de Guadalajara que se cerró el sábado y donde hubo encuentros con los representantes de España, Francia, Alemania, Italia, Austria y Holanda.
En la agenda de Kirchner figura comunicarse en los próximos días con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. En los papeles del Presidente es una llamada clave, ya que dentro de los funcionarios cercanos al jefe de Estado local se recuerda la conversación que el jueves 13 de mayo mantuvieron Kirchner y Zapatero, en la que el español le aseguró que Rodrigo Rato, el ex ministro de Economía de José María Aznar y ahora titular del FMI, apoyaría a la Argentina. Incluso aseguran que el jefe de Estado español habría mencionado que este apoyo fue una de las condiciones para propiciar el nombramiento de Rato en el Fondo. Directamente, o a través del español, el pedido de aval hacia la Argentina sería llevado hacia el gobierno alemán de Gerhard Schröder y el francés de Jacques Chirac. En el Ejecutivo argentino se asegura que con estos tres países ya habría acuerdos implícitos, y que la votación positiva en el directorio del FMI para setiembre (cuando se revisen las metas del primer semestre) estaría garantizada.
• Apoyo simbólico
Sin mayores esperanzas, figuran las posibles gestiones ante Gran Bretaña, Italia, Holanda, Suecia y Japón; países proclives a votar en contra de la Argentina en el FMI, a no ser que se haya cerrado definitivamente el proceso de negociacionescon los acreedores, lo que por ahora está lejos de suceder. Kirchner además buscará el apoyo, más simbólico que efectivo, de los presidentes latinoamericanos que llegarán a Buenos Aires en la primera semana de julio, casi al mismo tiempo en que estarán trabajando en la Argentina los técnicos del FMI encabezados por John Dodsworth. El marco será la cumbre de jefes de Estado del Mercosur, donde la Argentina entregará a Brasil la presidenciapro témpore del bloque, y donde están aseguradas las presencias de Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Ricardo Lagos (Chile), Vicente Fox (México), Hugo Chávez ( Venezuela), Alejandro Toledo (Perú), Carlos Mesa (Bolivia), Jorge Batlle (Uruguay) y Nicanor Duarte Frutos ( Paraguay). Kirchner quiere que en esta cumbre la declaración final incluya un llamado al FMI para que apruebe las metas de la Argentina.
Más allá de los apoyos europeos, la principal gestión que se espera encarar es con el gobierno norteamericano, que implica la llave de la aprobación del caso argentino ante el FMI. Dentro del Ejecutivo se sospecha que si la gestión se hiciera hoy, los resultados serían negativos, ya que la relación Argentina-EE.UU. no está en su mejor momento. Para esto comenzará a trabajar en los próximos días una especie de comisión entre la Cancillería y el Ministerio de Economía, coordinados por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para encontrar los mejores argumentos para rearmar la comunicación entre Kirchner y Bush.
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