¿Vuelve agro contra industria?
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En su segundo día de visita a la Argentina, el presidente chino, Hu Jintao, habló ante la Asamblea Legislativa.
Tampoco le deben haber informado que en los '90 ingresaron capitales de inversión en la Argentina por casi 80 mil millones de dólares -cuatro veces más-y pese a eso Carlos Menem por ahora no iguala a San Martín, aunque quizá haya sido tan popular como Gardel, aunque no tan querido. No debe recordar tampoco que esos u$s 80 mil millones ingresaron con pocas exigencias y con reglas claras y lógicas, no modificables cada dos por tres y con imparcialidad judicial. Las exigencias chinas para menor monto de inversión son mayores. Aceptarlas llevará a la reedición de una vieja puja sectorial en la Argentina: el campo eficiente bendecido por la excepcional calidad de sus tierras contra industrias locales tradicionalmente ineficientes. Pero no aceptar las exigencias chinas podría desencadenar desde el campo la pregunta: ¿otra vez nos sacrifican para proteger a una industria local ineficiente que sólo puede subsistir tras elevados muros arancelarios de protección y un dólar inusualmente alto?
Parece inevitable el choque, porque mientras en la Argentina existan los excesos sindicales que encarecen todo -agravado por el gobierno y la novedosa corte de centroizquierda y sus medidas demagógicas- no hay manera de que el grueso de nuestra producción industrial sea eficiente, no ya para exportar, sino para subsistir.
• Teoría agropecuaria
El campo argentino siempre consideró -y no le falta razón- que ellos generan realmente las divisas en cantidad que ingresan en el país exportando y que, por tanto, pueden importar los productos industriales que el agro necesite, sin forzar una industria nacional que los encarecería y haría más débiles competitivamente. Pero son las industriasnacionales aquí, y en cualquier país, las que brindaron siempre trabajo a los ciudadanos. Claro que aquí, esas « industrias argentinas» se financiaron con fondos públicos -que no se devolvían o se devolvían muy devaluados-que provenían generalmente de las retenciones a las exportaciones agropecuarias. Por eso el surgimiento de la burguesía industrial argentina fue a través de la succión de fondos públicos, mucho más que como ampliación de rubros de negocios de terratenientes.
A partir de la crisis mundial de 1930, el encono del campo con la industria local llegó al extremo porque se implantó la política de «sustitución de importaciones» aun con un producto nacional mucho más caro que el importado. Ya en esos años, las antecesoras de la CGT, como FORA, presionaban al gobierno mediante huelgas para no efectuar más importaciones.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el campo argentino se cansaba de abastecer de alimentos a Europa, y la industria también crecía debido a que no se importaba nada porque las industrias de las potencias estaban a plena producción armamentista. Para 1946, gracias al aporte fundamental del campo, las reservas estaban como nunca y el mismo general Juan Perón proclamaba exultante que «no se puede caminar por los pasillos por la cantidad de oro».
Perón tuvo la oportunidad de encaminar una gran industria nacional eficiente y competitiva que no viviera a expensas del agro. Pero porque no se atrevió y en parte porque no lo dejaron, aquel gobierno de Perón malgastó todas las divisas nacionalizando los trenes ingleses obsoletos, los teléfonos y comprando los tanques Sherman y jeeps de la contienda mundial ya concluida. Para 1950, esos pasillos rebosantes de oro estaban vacíos. Entonces el país volvía a depender en divisas de lo que el agro vendía al exterior.
Las cosas siguieron así. Desarrollamos muy pocas empresas eficientes capaces de subsistir sin protección arancelaria y compitiendo con precios internacionales normales. Luego, con Eduardo Duhalde, en 2002 retornaron las retenciones al agro, con lo cual el Estado vuelve a subsidiar al país a costa del campo.
En este contexto viene China y plantea acuerdos favorables al agro, pero no a la industria ineficiente. Ahora, el gobierno busca ganar tiempo: habría economía de mercado, pero en 2008, tras las elecciones presidenciales en la Argentina. Pero mientras tanto, el campo ya podría empezar a beneficiarse vendiendo más alimentos y la pymes -sólo por ahora-no tendrían que empezar a lidiar y desaparecer por la competencia china.




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