Periodista: Se vino la noche. ¿Qué pasó?
Diálogos de Wall Street
Se ciernen los vientos de tormenta sobre los mercados y consultamos a Gordon Gekko, nuestro hombre en Wall Street, sobre sus consecuencias.
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Gordon Gekko: Hay que ajustar más para que la inflación desensille. Al final, no es transitoria, ni temporaria, y encima pretende establecer residencia. A la política monetaria se le exige una vuelta de rosca extra, y que no estaba incorporada en los precios.
P.: ¿Volvemos al principio? Se caen las acciones, se caen los bonos, suben fuerte las tasas cortas y no hay dónde hacer pie. De nuevo, el cash es rey.
G.G.: El proceso es análogo. Hay que acomodarse a un nuevo escenario más abrasivo. Yo diría que se realiza con menos trauma a pesar de las turbulencias. Pero también es cierto que la fatiga de materiales es mayor y nos puede pasar una factura no prevista.
P.: Lo escucho bramar a Jeremy Siegel, profesor de Wharton, porque la Fed “está cometiendo el peor error de su historia”. Apunta que cuando los commodities subían, ignoraba el drama de la inflación; y que ahora que bajan de precio exagera indebidamente el rigor de la política monetaria, y nos va a estrellar en una gran recesión.
G.G.: La inflación de los commodities vio pasar ya su cuarto de hora pero la mitad de los ítems de la canasta de consumo se encarecieron 0,7% o más en agosto. La Fed dejó correr a la inflación en 2021. Y ahora tiene que ponerle freno. Siegel puede decir, “yo les avisé”, pero eso no cambia la receta. Hay que aplacar el contagio de la inflación subyacente, y lo sensato es hacerlo rápido.
P.: El precio del petróleo es más bajo que antes de la invasión rusa a Ucrania. El de la madera, menor que antes de la pandemia. ¿No cuenta?
G.G.: Sí, y hay más. El boom inmobiliario ya es historia. El índice Case Shiller mostró la primera caída de precios de la vivienda a nivel nacional en 10 años. Entiéndase que la Fed aprieta desde enero con muchos resultados concretos y positivos. Pero, a la par, se incuba un ascenso que persiste –sobre todo, en la canasta núcleo de servicios– y se debe combatir. Ojalá la caja de herramientas de la Fed tuviera un instrumento específico más sutil para su abordaje, pero no lo hay. Debe redoblar la presión general.
P.: ¿Vamos rumbo a una gran recesión?
G.G.: El aterrizaje duro es cada vez más probable. Sin embargo, así como la inflación es más recalcitrante que lo esperado también lo es la fortaleza de la economía. Y que los mercados, aunque les toque retroceder, den pelea después de una suba de tasas de 300 puntos base de marzo a septiembre también denota un músculo que nadie tenía en mente.
P.: Cuando se normalizó la política monetaria después de la crisis de Lehman, las tasas se elevaron también 300 pbs, pero se hizo a lo largo de tres años completos y no seis meses.
G.G.: Y aun así hubo que salir a poner paños fríos para calmar la situación. Acá tenemos comprados otros 125 pbs de aumento hasta fin de año, y la cuenta seguirá abierta en 2023. Por supuesto, la Fed de antes prevenía mientras que la actual (ambas comandadas por Jay Powell) debe curar una inflación que triplica, o cuadriplica, la meta de 2%. Todo es superlativo. El estímulo, la inflación, y también la resiliencia hasta el momento.
P.:¿Hasta dónde subirá las tasas la Fed? ¿Qué cederá primero? Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. El S&P 500 acaba de perforar su piso de junio.
G.G.: La Bolsa debe reacomodarse, le guste o no. La Fed tiene que devolver la inflación a su meta. No de inmediato. Pero sí tiene que mostrar una convergencia que, un mes atrás y con los argumentos que cita Siegel se aceptaba pacíficamente, pero hoy está en discusión.
P.: ¿No hay peligro de gatillar una crisis en el camino?
G.G.: 2022 es un año que viviremos en peligro. La fiesta fue en 2021, que cerró con una inflación de 7%. Mucho antes que Putin metiera baza. Los activos de riesgo deben ajustar su valuación. Y es una peripecia. No hay signos de crisis crediticia, pero sí de tensiones cambiarias. La intervención cambiaria unilateral de Japón, la primera en 24 años, muestra que el dólar fuerte interfiere con la política local. Y con el cambio de gobierno en Gran Bretaña, la colisión entre la política monetaria que debe endurecerse más y la nueva política fiscal que recorta impuestos, produjo ya una caída vertical de la libra y de la deuda pública. En Italia, Giorgia Meloni tuvo el tino de un discurso moderado, pero su plataforma es pólvora pura. Son avisos a los navegantes. No hay margen para chapucerías. Los errores se pagan muy caro. Y desde ya sobra mecha para el contagio internacional.
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