La inflación es transitoria, dice la deuda, que es permanente, y Wall Street celebra con récords

Economía

No hay abstinencia (ni mucho menos, síndrome). Wall Street se encaramó a nuevos récords, sin impaciencia, firme pero con mesura. No se trata de un rapto de euforia. Primero debió aprobar los exámenes del turno junio. Una semana atrás rindió las cuentas del informe de empleo. El mismo estímulo que infla los bolsillos del consumidor concede ingresos –y tiempo– para demorar su reinserción en la oferta de trabajo.

No hay contradicción entonces: la economía crece a tasas chinas mientras el empleo se recupera a su propio paso, sólido pero sin frenesí. Desde ya, hay una tensión visible entre ambos, y se refleja en un aumento sostenido de la jornada laboral más que de remuneraciones. Nada que objetar, dijeron los bonos del Tesoro que son el árbitro que Wall Street respeta. Y las tasas largas bajaron tras cartón (un lenguaje que el mundo entero comprende). La bolilla de la inflación vino después. Los precios minoristas treparon 0,6% en mayo (sobre 0,8% de abril). Sin embargo, los titulares se clavaron en el recorrido completo de los últimos doce meses: 5%. Ahora bien, lo relevante es otra cosa.

¿Cuál es la inflación que provoca la política económica accionada a pleno? En marzo el mega-paquete fiscal de Biden se convirtió en ley y la inflación anualizada del trimestre marzo-abril-mayo aceleró a 8,3%. ¿Apocalipsis, ahora? Todo lo contrario. Los bonos aprobaron con énfasis –la tasa de diez años se hundió debajo de 1,50%- y abrieron la tranquera a los récords. ¿Basado en qué? No les falta “pellejo en el juego” como exige Nassim Taleb. Una inflación rampante los puede destruir en el acto.

La suba de precios se instaló a lo grande. Pero, ¿es inflación o no? Y lo que sea inflación, ¿es transitorio (y reversible) o persistente? Se escribió acá hace tiempo: los mercados compraron el relato de la FED a libro cerrado. Allá ellos, no son infalibles tampoco. ¿Qué nos dice la realidad después de tres meses de exposición al experimento Biden-Yellen? Hasta abril, la evidencia se podía resumir así: “la inflación promedio se disparó en todas las mediciones, y sin embargo la inflación mediana no se movió en ninguna”. En otras palabras, la tendencia central de la inflación se mantenía sorprendentemente intacta, y las subas fuertes que sesgaban los promedios yacían en un puñado de bienes y servicios.

¿Qué justifica el beneplácito de los bonos? No es la fe religiosa en la FED (no impidió el “tsunami” de principios de año) sino que los primeros datos de mayo confirmaron, en lo esencial, la trama subyacente de suma estabilidad. El encarecimiento de los autos usados explica un tercio de 0,6% que escaló el índice mensual y con autos nuevos y su alquiler, la mitad del avance.

¿Es esto inflación? Media canasta de consumo subió 0,3% (o menos). Ello sugiere otro diagnóstico clínico: un cambio de precios relativos cuya naturaleza temporaria es harto evidente, una encrucijada en la que chocan la recuperación post pandemia (no prevista por las empresas de alquiler de autos que liquidaron sus flotas) y el cuello de botella de la provisión de semiconductores que retrae la producción de autos (de ahí la presión sobre los usados a medida que la vacunación alienta una creciente movilidad). Nada que el tiempo no pueda subsanar. ¿Alguien recuerda acaso la “inflación” de 5,5% de julio de 2008? Es más, la suba desenfrenada de precios gestiona su propia cura.

Las intenciones de compra del consumidor señalan un enfriamiento marcado en los rubros más vibrantes (y también en la compra de inmuebles). Es su primera devolución a la inflación basada en commodities. De hecho, los precios de la madera declinaron ya 30% desde sus máximos recientes. ¿Y entonces qué es lo que pasa con la inflación “pertinente”? La inflación subyacente es una marea en suave ascenso. Su tendencia central pasó de 0,1% en enero y febrero a 0,2% en marzo y abril, y ahora 0,3%.

Una velocidad de crucero por encima de 3% (más alta que la prometida por la FED) es un escenario que podría persistir. Wall Street no lo ve como un obstáculo filoso. El crecimiento vertiginoso de la economía se va a moderar (por diseño) pero será más que saludable para su propio andar. Haya tapering o no. Y las expectativas de inflación, la clave del éxito del plan, demostraron que se preservan indemnes aun en el ojo del huracán.

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