3 de mayo 2005 - 00:00

Avatares de la TV

Mario Pergolini
Mario Pergolini
El malestar en «Canal 7» excede la actuación o no de la hija de su gerente de programación Leonardo Bechini, Roberta, en un programa que nunca salió al aire llamado «Chicos.ar». La pujas de poder en la emisora estatal son cada vez más fuertes dentro del triángulo de directivos que conforman Ricardo Palacio (interventor, del riñón de Néstor Kirchner y Julio De Vido) Leonardo Bechini (hombre de Enrique Albistur, Secretario de Medios) y Ana de Skalon de Bonasso (gerenta de no ficción, elegida por la senadora Cristina). El más cuestionado por estos días es Palacio, a quien la SIGEN investiga por pago de sobreprecios (películas y series como «Everybody loves Raymond») a raíz de una denuncia. Tampoco se materializan las refacciones para las que Alberto Fernández asignó un presupuesto de 20 millones de pesos. En cambio, se apuntan gastos como la compra de dos caseteras de sistema analógico para el noticiero, que costaron más de 300 mil pesos, y cuya tecnología resulta obsoleta en la era de la TV digital. Otro gasto es la construcción de un salón concebido para festejar los cumpleaños de los empleados que costaría 300 mil pesos.

• A Nicolás Repetto le vino bien la pelea con Felipe Solá, pues le dio 14.5 puntos de rating al programa donde el conductor hizo su descargo. Todo comenzó la semana pasada cuando Repetto puso al aire la sección «Dialoguitos», donde el gobernador, a partir de la lectura de labios, decía, supuestamente, que Mario Pergolini era un «Negro hijo de p..». Solá negó que hubiera pronunciado esa frase, pero ante la insistencia de la producción, pidió a la Asociación de Sordos un peritaje. Las conclusiones fueron categóricas: la frase sobre Pergolini nunca existió. Pese a todo, Repetto insistió en su postura y conversó con su intérprete de sordos largo y tendido, negando que hubiera un error en la traducción de lectura de labios. Repetto « sugirió» a Solá que no renegara de sus «puteadas» y osó aclarar que el programa tenía «la mejor leche». «No te voy a devolver la carta documento», dijo mirando a cámara con sus habituales humos, «espero noticias tuyas».

Pergolini no desaprovechó el episodio y en el último programa de «CQC» hizo abundante referencia a la seguidilla de malentendidos. La apertura mostró a Pergolini disfrazado como Susana Giménez en su programa atendiendo un llamado de un participante que le decía «Negro hijo de p..» Finalmente, cubrieron un acto del PJ y cuando mostraron a Felipe Solá, reemplazaron su parlamento por el subtitulado: «Por un choripán me tengo que comer este garrón con Mario.. pero es todo mentira».

• Más de política y TV: «Canal 13» lanzó el programa «Conectados», donde un movilero tenía la misión de tocarle el pelo a Cristina Fernandez de Kirchner. Tras insistir con un chiste tan gastado que se viene copiando desde la época en que Andy Kusnetzoff o «Figuretti» descolocaban a actores y políticos, el poco grácil notero del programa persiguió a la primera dama y al parecer la sacó de las casillas. Al día siguiente, la productora Endemol recibió la «sugerencia» de parte del gobierno de que evitaran esa clase de chistes.

Confusión de décadas en «Hombres de honor»: la novela transcurre durante los primeros años de la década del ´40 -lo que se deduce por las alusiones al desarrollo de la Segunda Guerra Mundial-, pero aparecen elementos que no se adecuan a la época, por caso, modernas perillas de luz, o una heladera Siam de principios de los ´50. Más descuidados son los primeros planos de las armas que matan a diestra y siniestra pero que no tienen balas. En cambio, los automóviles y vestuario están bien, no así el excesivo maquillaje de la hija del comisario, que asiste a un colegio de monjas que por lo visto permite pupilas pintarrajeadas. Lo más gracioso, Alberto de Mendoza en el papel de un mafioso italiano, pero con acento entre gallego.

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