2 de octubre 2003 - 00:00

"BAD BOYS 2"

Escena del film
Escena del film
«Bad Boys 2» (EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: M. Bay. Int.: W. Smith, M. Lawrence, J. Mollá, P. Stormare, J. Pantoliano, G. Union.

"Bad Boys 2" no es más que otra película con una pareja de policías de personalidades opuestas decididos a combatir el crimen de una manera chistosa. Sólo que con un presupuesto de 130 millones de dólares, y el contundente éxito de taquilla del original, el director Michael Bay debería tener más libertad para aportar algo más. En realidad, la tiene, aunque más que libertad se acerca al libertinaje: sus «bad boys» realizan tareas policiales bajo los efectos del éxtasis, se ven envueltos en situaciones necrófilas y hasta invaden Cuba armados con bazookas.

Este delirio, que incluye un nivel de violencia sorprendentemente alto (en cada escena de acción matan sin asco media docena de villanos de las etnias más variadas), persecuciones automovilísticas que quitan el aliento (sólo la primera, que inclucra un choque múltiple de 20 vehículos y una lancha, justifica el precio de la entrada) y algunos chistes ultratontos pero indudablemente divertidos como la confusión que logra que los dos policías encarnados por Smith y Lawrence luzcan como una pareja gay.

El lado malo es que en el medio de cada escena de super acción, hay unos diálogos televisivos, situaciones repetidas ubicadas estratégicamente para ir a comprar mas pop corn y, lo que es peor, un monótono catálogo de todos los clichés histéricos de Martin Lawrence, potenciados por la neurosis que sufre su personaje luego de recibir una bala en el trasero que encima le provoca una impotencia sexual temporal. Jordi Mollá no es un villano latino demasiado original, aunque algunas de las escenas en las que enfrenta algunas diferencias con su colega de la mafia rusa Peter Stormare consiguen insinuar el creciente nivel de gore y violencia gratuita que hará las delicias de los fans de la hemoglobina a granel (algo que falta en el Hollywood clase A, empezando por los monstruos sin sangre de «El Señor de los Anillos».

Michael Bay
se luce con una puesta en escena absolutamente original para cada tiroteo, con tour de forces como el travelling circular permanente en la pelea en un aguantadero haitiano, o los cambios de velocidad que siguen la trayectoria de una bala al mejor estilo «Matrix». Claro que no movió un dedo para mejorar el guión, ni aplicó el sentido común con respecto a la duración: 147 minutos, todo un desperdicio de dinero y, sobre todo, tiempo del espectador que se conformaría perfectamente con los 60 minutos de acción neta que incluye la película. La invasión anticomunista a Cuba es tan divertida y delirante que sirve como buen punto final a tanta locura, despilfarro e incorrección política con el típico sello del productor Jerry Bruckheimer.

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