Bayreuth abucheó a biznieta de Wagner

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Bayreuth, Alemania (EFE)- El festival wagneriano de Bayreuth arrancó anteanoche con abucheos a la producción de «Los maestros cantores de Nuremberg» con la que Katharina Wagner, biznieta de Richard Wagner, debutaba en su propia casa. A la irritación del público se añadió la decepción de quienes confiaban en que el debut de Katharina, de 29 años, como regista le facilitaría aún más el camino a la sucesión de su padre, Wolfgang Wagner, a punto de cumplir 88 años, en la dirección del festival.

Ingrid Budde, de la Comisión Internacional de Richard Wagner. Budde dijo: «Lo que hemos visto esta noche no son 'Los maestros cantores de Nuremberg' sino 'Los maestros pintores de Nuremberg'», en referencia a la escenografía, que no transcurre en una escuela de canto, como especifica el libreto, sino de pintura. Katharina evitó referencias de lugar e históricas, pero el uso propagandístico que Adolf Hitler hizo de «Los maestros cantores...» planeó en esa escuela donde los alumnos, uniformados, caminan a paso militar, y los maestros actúan de acuerdo a una jerarquía y un ritual que no se ridiculiza.

El segundo acto revocó el aburrimiento generado por el primero gracias a su final impactante por un cambio de ritmo escénico, con hombres en calzoncillos con latas tapándoles las cabezas librando una batalla con zapatos contra el escribiente Beckmesser, el «maestro» pretendiente de Eva. El bajo Michael Volle, encargado de dar vida al escribiente, fue junto con el joven tenor alemán Klaus Florian Vogt en el papel de Walter Stolzing, los únicos que recibieron el aplauso unánime.

En el tercer acto, la plasticidad pretendida por Katharina empezó a hacer agua. Katharinahumaniza a los intocables clásicos alemanes, incluido a su bisabuelo, y los convierte en cabezudos que menean enormes penes en forma de cuerno, persiguen formas de mujer o se manosean entre ellos. También sacó a escena a un hombre desnudo que es sorprendido en un carrito de globos con una muñeca inflable; vistió y peinó a Eva y Magdalena para que parecieran gemelas; convirtió el concurso de canto final en una reunión de la alta sociedad; otorgó a Stolzing, como premio a su arte, un cheque del banco de Nuremberg, y el zapatero Sachs, interpretado con poca inspiración por Franz Hawlata, cerró el cuadro lanzando su proclama final entre dos estatuas sobredimensionadas e iluminado desde abajo, evocando a Hitler.

Para muchos wagnerianos la velada fue un desastre y la dirección de Sebastian Weigle en el foso no atenuó el fracaso, pues no logró imponerse a tanta agresión escénica.

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