22 de agosto 2000 - 00:00

"BOSSA NOVA"

H ay una convención demasiado artificiosa en esta comedia romántica, pero es una convención que agrada: sean de un departamento, un estudio jurídico, o una clínica, todas las ventanas dan a la Bahía de Guanabara. Hasta el cementerio tiene el mismo hermoso fondo. Y como fondo musical, canciones de Tom Jobim o de Charles Trenet. En cambio, no agrada tanto que algunas de esas canciones deban escucharse en versión inglesa. Pero se comprende. Es una atención del director Bruno Barreto («Doña Flor y sus dos maridos») para con el mercado norteamericano, y para con su esposa, Amy Irving. Ella es la actriz principal de la película, y la película está dedicada a ella, y a la memoria de Jobim, y de François Truffaut, el hombre que amaba a las mujeres, y al cine capaz de expresar con certera levedad los sentimientos del corazón. El héroe del asunto es, sin embargo, un hombre diríamos cincuentón, canoso y con una panza inevitable, pero con el cual varias mujeres gustarían tener una segunda oportunidad en su vida. Lo encarna el ya veterano Antonio Fa-

gundes, y la escena en un ascensor, cuando parece que va a caer en la tentación de tocarle la cola a su candidata, y en cambio sorprende con un gesto caballeresco, de encantadora inventiva, es una de las mejores ideas del cine romántico actual. Comedia romántica, en efecto, sobre los amores contrariados entre una profesora de inglés, un abogado, su ex, un chino, una soñadora dedicada al chateo, un futbolista, una pícara pasante, un sastrecillo enamorado, etc., etc., la obra es deliberadamente leve, pequeña, y edulcorada, como para promocionar Rio de Janeiro en todo el mundo. También es bastante imperfecta, con algunos pasos inhábiles, que no logran la sonrisa esperada, un par de escenas con palabrotas innecesarias, y cierta mezquindad de la producción para pagar más extras en la última parte. De todos modos, es una obra muy indicada para ver en pareja. Cumple su objetivo.
P.D.: para los que se extrañen con el persona-je que interpreta
Alberto de Mendoza. Si acá tenemos un tintorero, el clisé indica que debe ser japonés. En Rio, los mejores sastres son argentinos, de ahí que el hombre aparezca, y hable en español, mejor dicho, portuñol, que es lo que cualquiera de nosotros habla en Brasil. Y que nos entiendan si pueden, o si quieren.

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