26 de mayo 2005 - 00:00

"Cama adentro"

Los parejostrabajos deNormaAleandro y ladebutanteNormaArgentinaconstruyen unvínculorealmenteconvincenteen el film deJorgeGaggero, otronotabledebutante.
Los parejos trabajos de Norma Aleandro y la debutante Norma Argentina construyen un vínculo realmente convincente en el film de Jorge Gaggero, otro notable debutante.
«Cama adentro» (Argentina-España, 2004, habl. en español). Guión y dir.: J. Gaggero. Int.: N. Aleandro, N. Argentina, M. Mundstock, R. Panguinao, S. Lanteri, E. Berenguer, C. Lapacó, M. Gonzaga, E. Rodríguez, E. Olivera.

He aquí una buena historia, bien contada, llena de precisas observaciones, con un interés creciente y un final bien redondo, mejor todavía de lo que podría esperarse cuando ya se lo ve venir. Cuidadosa comedia de costumbres, no provocará carcajadas, pero está realmente bien hecha. Encima las intérpretes son dos Normas fuera de lo común, representando con gran riqueza y sutileza dos mujeres bien del común, de esas que cualquiera reconoce.

Una es Norma Aleandro, en el papel de señora del barrio de Belgrano venida a menos. Siempre tuvo sirvienta en casa esperándola con todo limpio, whisky importado, y un cheque del marido sobre la mesa. Y se viene abajo, no «por una macroeconomía que nunca ha comprendido» (como dijo alguien pensando en el corralito que sirve de fondo), sino por su simple y reiterada negación frente a la más mínima economía doméstica.

La otra, es la debutante Norma Argentina, en el papel de sirvienta con 28 años de servicio, que ya es como de la casa, pero ya tiene también siete meses de sueldos atrasados. Pese a lo cual se va haciendo su casita en Alejandro Korn, donde es ama y señora, y lo tiene cortito al marido. A su favor están las nas de progresar, la energía puesta en el trabajo, y el sentido concreto de la realidad.

Significativamente, nada de esto se dice con palabras. No hay en toda la película el menor discurso, la más mínima bajada de línea, y mucho menos una visión mecánica o ideologizada de la vida. Por supuesto, pueden hacerse ciertas lecturas, incluso podría verse una metáfora sobre dos formas del ser nacional, pero el relato es, ante todo, una historia de afectos, casi como la de dos hermanas muy distintas entre sí, una de las cuales admira y cuida a la otra, que ha sido más beneficiada en unas cosas, pero sigue siendo una inmadura.

Ambos personajes gozan un desarrollo parejo, y ambos también se hacen acreedores de nuestra simpatía. También ambas actrices están bastante parejas, lo que es mucho decir, sobre todo teniendo en cuenta el rostro de Aleandro cuando su criatura debe cenar, para colmo en soledad, el menú más barato en un restaurante baratieri. Trabajando los matices, los medios tonos, las reacciones cortantes, los tire y afloje del respeto y el cansancio que da la larga convivencia, las dos mujeres hacen algo de veras memorable. Mérito de ellas, y del autor, el también debutante Jorge Gaggero, de quien, visto este comienzo sin alardes y sin errores, pueden esperarse otras cuantas cosas igualmente buenas.

En papeles de apoyo,
Marcos Mundstock y Raúl Panguinao componen dos clases de maridos chantas altamente queribles, Susana Lanteri, Elsa Berenguer, y Claudia Lapacó son las amigas del té canasta, y Mónica Gonzaga hace poco más que un cameo.

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