"Casa de cera"

Espectáculos

«Casa de Cera» («House of wax», EEUU, 2005, habl. en inglés) Dir.: J. Serra. Int.: E. Cuthbert, Ch.M. Murray, B. Van Holt, P. Hilton, J. Padalecki, J. Abrahams, R. Richard.

La primer «House of Wax» de 1933 («Los Crímenes del Museo») tenía a Fay Wray intentando no dejarse encerar por el archivillano Lionel Atwill, sin perderse alguna burla gratuita a la vida sexual de algún policía acosador. El clásico melodrama macabro en la mejor tradición de los relatos siniestros del cine mudo estaba dirigido por Michael Curtiz, encargado de llevar adelante una producción tan sofisticada que no solo tenía todo tipo de efectos especiales truculentos, sino que se atrevía a fotografiarlos en el primitivo Technicolor bicolor que aportaba un elemento tecnico asombroso en esos tiempos en los que un estudio siempre podía inventar algo nuevo.

La segunda «Museo de Cera» no sólo transformó a Vincent Price en el superastro del terror de los inborrablers Pozos, Péndulos, Muertes Rojas y Doctores Abominables. Pero también incluía uno de los mejores roles de Carolyn «Morticia» Jones, a un horripilante Charles Buchinsky (Bronson) y, lo más importante, permitía que Andre de Toth, un director tuerto perfeccionara la técnica del cine tridimensional hasta llevarla a su máxima e irrepetible expresión, o al menos eso aseguran los técnicos y estudiosos del tema y los afortunados que vieron este film de 1953 en cines (Juan Domingo Perón se sacó una foto con los anteojitos 3-D en primera fila en una función del Festival de Mar del Plata).

La tercera
«Museo de Cera» es tan perdedora que aquí nadie tuvo noción de que «House of Wax» de ninguna manera podía traducirse de un modo tan patético como «La Casa de Cera». La película no centra la acción en un museo de cera, no tiene a ningún artista estresado por una inauguración, o desquiciado por amor a sus obras de arte, o ambas cosas juntas, y tampoco ofrece ningún tipo de novedad técnica.

• Diferencias

La verdad, es que el guión no tiene mucho que ver con las dos versiones clásicas: en realidad se parece al sexto calco de la Masacre de Texas que se vienen estrenando desde dos años. Con la diferencia de que durante su primera media esta «Casa de Cera» es tan tonta que el espectador no sabe si enojarse con los guionistas, los personajes o con él mismo por seguir sentando mirando semejante estupidez. Lo que pasa es que el director catalán Jaume Serra y los dos guionistas Chared y Carey Hayes, de golpe demuestran ser un poco astutos, al menos lo bastante como para utilizar la tontería como su arma secreta para que un asunto con tan poco lustre se convierta en una película de terror divertida y poco pretenciosa. Sobre todo, es una película auténticamente pesadillesca y llena de símbolos e imágenes mucho más serias que lo que se podria suponer, a pesar de lo perturbador que había resultado el temible prólogo sobre extremo maltrato infantil.

Los guionistas son hermanos gemelos, y cambiaron el viejo tema del museo de cera por un mal sueño con dos gemelos «normales» enfrentados los dos siameses mal separados que comandan la casa del título. Hay un homenaje brillante a
«Qué paso con baby Jane» de Robert Aldrich, algunas terribles escenas gore de antología, y una sola falla imperdonable: ocuparse más de tratar mal a lo grande a Paris Hilton que de dejar que la pobre niña rica se exprese libremente como lo hace en Internet.

Tras un prólogo ominoso, «Casa de cera» (traducción absurda que ignora los clásicos «Museo de cera», que ésta no imita), se vuelve engañosamente tonta, pero termina siendo un entretenido film de terror con un fondo serio.

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